miércoles, 23 de octubre de 2013

Imposible no significa nada




Podría poner decenas, cientos de ejemplos, casi todos extraordinarios; la historia está llena de ellos. Ejemplos de personas que nunca se dieron por vencidas, de seres humanos que desoyeron los gritos de desaliento, que miraron al frente y dejaron atrás argumentos vencidos, faltos de ambición y deseo.

Que obviaron las palabras de aquellos que odian salir de la zona de confort, de esos que le encuentran significado a la palabra imposible. Esos que prefieren hacer poco, nada más que esperar a que las cosas ocurran. Siempre resultó más cómodo estar sentado que moverse.

Les dejaron atrás y continuaron. Con momentos de dudas, sabedores de la dificultad del reto, solos o acompañados a veces. Les tildaron de locos, inconscientes o imprudentes. Nada de aquello fue lo suficientemente importante como para abandonar, como para renunciar a un sueño. 

Les arrastró la pasión, buscaron la esperanza que les ofrecía la ilusión, se cayeron infinidad de veces, volvieron a gritarles que era imposible, apretaron los dientes, se levantaron heridos, magullados, dolidos. Se volvieron más fuertes, tanto que a veces se creyeron invencibles. 

Soñaron despiertos, lloraron mientras dormían, sonrieron casi siempre a pesar de estar tristes, les acosó la incertidumbre, dudaron, corrigieron el paso y evitaron los atajos. Creyeron haber llegado cuando aún estaban lejos, pensaron en rendirse, a veces se apartaron pero jamás abandonaron. Fueron obstinados, perseverantes y al fin llegaron. Casi siempre más tarde de lo que habían imaginado, pero llegaron.