lunes, 23 de septiembre de 2013

No fue hace tanto tiempo



Recuerdo cuando no hace mucho jugar un partido por la medalla de bronce nos llenaba de ilusión y nos ponía cardiacos. Parece que aquello ocurrió hace siglos, ahora sólo nos conformamos con el oro, nuestro talento y, probablemente, nuestra soberbia no merecen otro metal. 

Y es que, ya no recordamos el síndrome de los cuartos de final. Ahora somos españoles, a qué queréis que os ganemos. Como si los demás no jugasen, como si Francia, equipo que nos eliminó en semifinales, no fuera una extraordinaria selección.

El partido que disputó ayer España por el bronce dejó a muchos indiferentes y a otros insatisfechos. Fueron mayoría los que le dieron poco valor a subirse a la última posición del cajón. Incluso, en algún momento, pareció que alguno estaba deseando que la Selección se descalabrase. Como si hubiera cuentas personales de por medio.

Todo empezó con la polémica designación de Orenga como seleccionador, la intención de cambiar la normativa FIBA para que pudieran jugar juntos Ibaka y Mirotic, la no asistencia de este último y las bajas de Navarro, Pau Gasol, Reyes o Ibaka. El clima no era el mejor.

Desconozco cuáles son los conocimientos de Orenga, no me atrevo a juzgarlo, aunque sí conozco sus méritos y considero que hay un buen puñado de entrenadores con mayor bagaje para llevar a este equipo. Orenga, al final, se convirtió en el saco de las hostias de todos aquellos que quisieron arremeter contra José Luis Sáez, Presidente de la Federación Española. 

Uno esperando para sacar pecho si se lograba el oro y otros deseando atizar con furia a la menor oportunidad. La España de siempre. Había algo personal en el juicio, como antes lo hubo con Scariolo, Aíto o Pepu, que palos los ha habido para todos; aunque ya no queremos recordarlos. 

Dadas todas las circunstancias, la tercera plaza me parece un buen resultado. Aunque bien es cierto que algunas cosas no me han gustado y otras no he llegado a entenderlas. El juego del equipo ha sido demasiado intermitente, jugadores llamados a ser referentes estuvieron desaparecidos, las rotaciones nos descoloraron a muchos, el equipo careció de recursos en los partidos ajustados y algún jugador estuvo infrautilizado. 

Quizás esa sensación de que teníamos más de lo que ofrecimos deje ese poso de frustración. Yo me quedo con el hecho de que España ha ganado medalla en 7 de los 8 últimos Campeonatos de Europa. Ya nos acordaremos de esta generación y volverá el síndrome de los cuartos de final, al tiempo.