jueves, 25 de abril de 2013

La risa va por barrios


El asunto debiera ser tratado por un sociólogo, como tantas muchas cosas de las que suceden en este país. Ignoro si este fenómeno sucede en otras naciones, aunque habiendo seres humanos por el medio todo es posible. 

Lo ocurrido entre las 20.45 del martes y las 23.30 de ayer miércoles fue una especie de castigo divino. Un modo de vengar la soberbia y la mala baba. 

Cuando hace unas semanas se celebró el sorteo de semifinales de la Liga de Campeones, todos respiraron aliviados al ver como el Real Madrid y el Barcelona no se enfrentarían en la última eliminatoria de la competición. “Las bolas calientes” habían querido depararnos una magnifica final entre los dos mejores equipos del mundo. Al menos eso vaticinaba parte de la prensa especializada. Aún están a tiempo de acertar, si bien el primer envite les ha dejado en evidencia.

En parte tiene su lógica, son dos grandes clubes con enormes presupuestos y extraordinarias figuras, hay más de un forofo en la profesión y el fútbol parece el último recurso al que asirnos ante nuestra maltrecha situación; con mayor motivo si la “víctima” es alemana. 

El martes, cerca de la media noche, muchos eran los madridistas que se mofaban del batacazo del Barcelona. Veinticuatro horas después la risa cambió de barrio tras la debacle del Madrid. La mala baba y las miserias puestas al descubierto con toda su crudeza. Lamerse las heridas mientras el rival también está maltrecho siempre resultó menos traumático. 

Nunca he entendido qué satisfacción producen los fracasos de los demás cuando éstos no te afectan directamente, cuando no te proporcionan beneficio alguno. Jamás he comprendido los razonamientos que argumentan semejante regocijo, dejando en peor lugar al que se mofa que al que sufre la burla. Desconozco qué hubiera pasado en Alemania si lo sucedido hubiese sido al revés.

Ahora, el Barcelona encomienda el milagro al genio Messi y el Madrid al espíritu de Juanito. En el deporte, como en la vida, todo es posible.  Aunque después de lo visto quedan demostradas un par de cosas: la risa va por barrios, y este país apenas tiene pan y cada vez menos circo.