lunes, 1 de abril de 2013

Las profesionales de la vez


Generalizar entraña sus riesgos, especialmente porque suele tener un componente injusto. Tendemos a meter en idéntico saco a personas de características similares, ya sea por edad, sexo, origen, ocupación, afición o afiliación. Aseveramos de modo categórico tal o cual cosa, para terminar diciendo: “Siempre hay excepciones”. Así dejamos que nuestra conciencia repose tranquila.

Las generalizaciones rara vez son formuladas para halagar a un colectivo, los calificativos que contienen aluden a defectos, taras o falta de escrúpulos. Aunque últimamente tenemos sobada una lapidaria frase que, sin insultar o faltar al respeto, produce un desprecio que causa estupor: “Son todos iguales”.

Tras esta sesuda reflexión tocaría pluralizar sobre aquellos en los que la mayoría estáis pensando, pues no. Hablaré de ellas, generalizando, eso sí. Porque suelen ser mujeres, han superado los 60 y tienen un descaro y un arte que ya lo quisieran para sí muchos toreros. 

Trabajan a bajas pulsaciones, aspecto básico en su ocupación. Tienen la habilidad de recortarle los segundos al tiempo y manejan un repertorio de lo más variado. Son sigilosas y apenas levantan la voz, la discreción y la selección de sus víctimas son sus mayores cualidades. 

Dibujan perfiles psicológicos sin ni tan siquiera saberlo, y en raras ocasiones yerran en su evaluación. Las colas y los expendedores de números son sus mayores enemigos. Eso sí, en el uso de “la vez” se manejan como pez en el agua y son trileras del barullo.

Las hay que se arriman a la pared y se deslizan hasta colocarse en primer lugar, ya podía aprender Fernando Alonso. Otras tienen tanta jeta que te dejan sin palabras: “Ya voy yo que llevo poco”. O mi frase favorita: “Cóbrame a mí que este chico no tiene prisa”.

Menos mal que ahora las cajeras se despachan con una locución que nos protege: “Por orden de cola, vayan pasando por esta otra caja”.