martes, 5 de marzo de 2013

Lo que nos llevamos a la boca


El post de hoy tiene bastante de escatológico, así que, si quieres dar la vuelta a tiempo estás. Dicen que somos lo que comemos. Frase que tiene tanto de metafórica como de cierta. Y es que, en los últimos años ha aumentado considerablemente el interés general por una alimentación sana y saludable.

En el colegio deberían incluir como asignatura obligatoria una que se denominara “Alimentación”. De este modo conoceríamos las propiedades de los alimentos, aprenderíamos a interpretar el etiquetado de los mismos y el día que se nos fuera la mano los haríamos a plena conciencia. Eso dice la teoría, Ikea y “Pesadilla en la cocina" aseguran lo contrario.

La multinacional sueca retiró hace una semana las albóndigas de las tiendas de alimentación y restauración de más de 14 países tras conocer que contenían restos de carne equina cuando se decía que era de vacuno. Hoy han dicho las autoridades chinas que en las tartas de chocolate han encontrado “altos niveles de bacterias comúnmente presentes en el tracto intestinal”. En román paladino, que el color se lo daban con las heces. 

No tienen suficiente con obligarte a montar los muebles que te venden caballo por ternera y de postre una buena tarta de mierda con almendras. Ya lo dice su eslogan: "Tu revolución empieza en casa". Ahora ya sabemos en qué parte de la misma.

Después nos descojonamos con Chicote y sus expresiones al entrar en esas cocinas que parecen cochiqueras y donde a muchas ratas les costaría sobrevivir. Si un día sale en su programa algún restaurante en el que yo haya comido probablemente tengamos hamburguesas en casa para varias semanas. 

Sulfatos, colorantes, conservantes y demás familias. Si sólo hay que ver lo que dura un tomate en el frigorífico, llega el día en el que te crees que se va a quedar a vivir. Sin lugar a dudas somos lo que comemos, el problema es que no tenemos ni idea de lo que nos llevamos a la boca.