lunes, 4 de febrero de 2013

Esto o estamos jodidos


Aunque resulte paradójico, los puntos de aparente no retorno suelen ser excelentes elementos de partida. Desilusión, pesimismo, hastío, indignación, falta de porvenir, pobreza, retroceso, corrupción o recortes parecen suficientes argumentos para pensar que estamos en un callejón sin salida. Razón no falta.

Por el contrario, pensando que difícilmente podamos caer más bajo y destapar mayores vergüenzas, toca pensar en la obligación de empezar a trepar sin arnés, a pelo. Total, poco hay que perder.

Este país requiere una inmediata regeneración democrática. Una modificación en la actual constitución, que cumplió con su cometido pero ahora debe acomodarse a los tiempos que vivimos. Un cambio de la ley electoral, con listas abiertas y donde todos los votos valgan lo mismo, no existan beneficios para según qué partidos y no discrimine a los ciudadanos en función de donde voten. 

Que exista división de poderes, que la justicia deje de estar politizada, como el tribunal de cuentas, el Banco de España y otras tantas instituciones. Una ley de transparencia que no parezca una charca. Que deje de haber duplicidad de competencias, que se limite el número de legislaturas para los diputados y dejen de gozar de beneficios fiscales. 

Que sean obligatorias las ruedas de prensa con preguntas y los medios de comunicación informen honestamente y sin intereses partidistas. Que las iniciativas legislativas populares sean tenidas en cuenta y la democracia sea participativa. Que un alcalde no pueda ganar más que el presidente del Gobierno y se aplique con rigor la ley de incompatibilidades. Que la sanidad y la educación sean intocables y ésta última una cuestión de Estado.

Que dejen de usarnos como pañuelos desechables, estamos hastiados de que solamente se acuerden de nosotros cuando quieren nuestro voto. Después los despachos siempre están cerrados por dentro y la cercanía se viste de soberbia. Que el voto en blanco tenga representación parlamentaria y que los sindicatos recuperen la imprescindible esencia de su creación.

Estamos muy tocados pero no hundidos. La indignación y el pasotismo tienen que dar paso a la esperanza y la participación.