viernes, 1 de febrero de 2013

Siento vergüenza de este país


Realizando un ejercicio reflexivo de difícil ejecución, uno trata de pensar qué podría hacer para modificar un sistema perverso, podrido, manipulado y pervertido por los cuatro costados. 

Cada cual se sienta a tratar con uno mismo, busca un rato de sosiego más allá de la indignación que produce el choque con la realidad. Intenta situar la responsabilidad de sus actos dentro del sistema, realiza autocrítica y modula el modo de comportarse de cara al futuro. 

Tras una concienzuda reflexión llegas a la triste conclusión de que hay poco que rascar por muy ejemplar que sea tu conducta. Si te manifiestas te crujen a hostias, si tienes la suerte de poder ir a la huelga te quitan una pasta para nada, y si te soliviantas ya habrá alguien que te baje los humos. Solamente, si tienes para ir al bar allí podrás arreglarlo, al menos durante un rato.

También puedes ir a votar cuando toque, aunque cada día son más los que tienen la sensación de que meter el sobre en una urna es igual que introducirlo por la rendija de una alcantarilla. Esa desafección es sumamente peligrosa pero del todo comprensible. 

Cuando vives en un país en el cual la división de poderes es una utopía, donde la corrupción es tan común como que amanezca y donde el de al lado no destapa lo de el de enfrente por miedo a que se descubran sus miserias pierdes toda esperanza. 

Poco nos queda, de la indignación a la resignación hay un camino bien corto. Estamos aletargados y con la respiración entrecortada. Andrea Fabra no lo debió explicar con la suficiente claridad, y mira que era un mensaje explícito. 

Si tienes dinero compras el poder, si tienes el poder terminas haciéndote con el dinero y de la igualdad hace tiempo que no hay noticias. La solidaridad tiene encima una mugre de la cual es imposible zafarse.

Me deja pocas esperanzas este país. Uno tiene la sensación de que siempre nos cargan el mochuelo a los mismos y que si tienes capacidad para pleitear y defenderte saldrás indemne por considerable que haya sido el delito. 

Terminarán echándonos, y los que aquí queden tendrán como único compañero de viaje el pesimismo. Jamás pensé que pudiera llegar a decir esto, siento vergüenza de este país.