viernes, 18 de enero de 2013

La crueldad del Euro


Si uno lo piensa detenidamente, el euro nos ha hecho polvo. Nos ha dejado más tiesos que la mojama. Empezamos con el maldito redondeo, ese que todo el mundo prometió no aplicar y se terminaron pasando por el forro. El día de Nochevieja del año 2001 tomarte un café en el bar de debajo de tu casa costaba 100 pesetas, dos días después (que en año nuevo no abrieron) te soplaban un euro: 166 pesetas. Dejemos las minucias de los decimales aparte, que vamos "sobraos".

Y como eso, en todo: en el pan, el cine, la gasolina, el menú del día, el arroz, los peajes, la ropa, la luz o la vaselina. Esto último sin connotación alguna. El precio de la vida se redondeó al alza, para variar. Por el contrario, a los sueldos no les ocurrió nada parecido. Once años después todo resulta más caro y ganamos menos dinero que entonces. Evidentemente, no hace falta ser Tales de Mileto para llegar a semejante conclusión. 

Sin lugar a dudas esa ha sido la circunstancia con mayor impacto en nuestra vida diaria. Después hay otra que pasamos por alto pero que no es baladí. Y es el modo que hemos tenido de perder la perspectiva del valor real de las cosas. Quizás no tanto en lo cotidiano, que también, ha sido en las grandes cifras donde hemos olvidado la consciencia. 

Allá van unos cuantos ejemplos ilustrativos. No es igual decir que a Bárcenas le han descubierto cuatro cuentas en Suiza con 22 millones de euros que con 3.660 millones de pesetas. Si decimos que el ático de Ignacio González costó 128 millones de pesetas igual se nos empieza a ir de presupuesto. Esto último es algo que se dispara si hablamos del arquitecto Santiago Calatrava, que cobró 100 millones de euros (16. 638.600.000 de pesetas) en concepto de honorarios por sus proyectos en la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia. Obras que tuvieron un coste total de 1.000 millones de euros o lo que es lo mismo 166.386.000.000 de pesetas. 

Y ya, si hablamos del rescate a la banca que solicitó en junio el gobierno las cifras no entran en la calculadora, 100.000 millones o 16.638.600.000.000 de pesetas si los cálculos no me fallan. La depresión es total cuando calculamos la conversión del salario mínimo interprofesional en España, los maravillosos 645,30€ se transforman en 100.368 jugosas pesetas. Siempre fue mejor que te dieran un sobre con 5.000 ó 15.000€ (831.930 y 2.495.790 pesetas) como ha desvelado hoy “El Mundo” que hacía Bárcenas con parte de la cúpula del PP.

Elocuente, gráfico y triste, muy triste. El paso del tiempo ha hecho que creamos tener control sobre el precio de las cosas. Nada más lejos de la realidad, estamos más perdidos que un político con honestidad. Pero tranquilos, todo llegará. Como dice mi hermana, al paso que vamos y no tardando, diremos: “Ir al cine cuesta 8 euros, 1.331 de las futuras pesetas".