miércoles, 16 de enero de 2013

La crisis de los 40


Esta mañana me ha llegado la crisis de los 40, así, a traición. Sin esperarla, cómo para hacerlo, aún me restan tres meses de los treinta y todos. Ha llegado como ese primo de Cuenca que se presenta en tu casa un sábado a primera hora y sin previo aviso.

Al igual que a él no he querido abrirle la puerta, pero uno no viene desde Cuenca para regresar de vacío. Al final no tuve otro remedio que dejarla pasar, se sentó en uno de los sofás del salón como si hubiera venido a casa cada fin de semana durante los últimos diez años. Empezó a hablarme de modo atropellado mientras yo cogía una revista que había sobre la mesita e intentaba no escucharla. 

Al final, el martilleo fue tal que no me quedó otro remedio que prestarle atención. “Del pelo no me hables porque hace décadas que estoy así”. “Cierto, pero no te has dado cuenta de que tienes las sienes plateadas y la barba cana. Que llevas en el coche música de los ´80. Que cuando quedas con tus amigos siempre habláis de las mismas viejas historias. Que ellos hablan de marcas de pañales y de carritos como antes lo hacían de chicas, a las cuales, por cierto, ya no les miráis el culo”. 

“Que ya no sales por la noche, y si alguna vez lo haces estás una semana bien jodido. Eso por no decir que ya no conoces a nadie, con lo que fuiste. Que has estado a punto de comprarte un sedán, suerte tuviste de que no llegara antes. Que te irrita lo que oyes en las noticias. Que casi no ves la tele y no dejas de escuchar la radio. Que te has vuelto responsable y un poco cascarrabias. Que a veces se te olvidan las cosas, y espera a que te traiga a la presbicia”. 

“Que muchas noches te acuestas antes de que den las doce por miedo a convertirte en una calabaza. Que celebráis las fiestas de los cuarenta cumpleaños como si al día siguiente se fuera a terminar el mundo y que os regaláis un reloj como si fuera la fecha de vuestra jubilación. Ya puedes empezar a cambiar inmeditamente estos malos hábitos"

“Y eso no es nada, debo decirte que has corrido el maratón de San Sebastián en balde. Eso es algo que está muy bien para la gente que se ha dedicado a ello toda la vida, pero como reto es algo que no puedes hacer con 39 años. Ya verás como encuentras la necesidad de correr otro cuando entres en la fatídica cifra, advertido quedas. Menudo “pringao” estás hecho”. 

No soporté más tanta falta de respeto, con la mano abierta le metí un sopapo que temblaron los cimientos de la casa. Me miró de reojo mientras se tocaba su encarnada mejilla y una lágrima se deslizaba por su rostro. Dijo que esto no es algo que le suceda con frecuencia. 

Ha prometido volver a visitarme dentro de diez años y tres meses, y yo contarle si corría otra maratón. Así que, hasta los cincuenta parece que libro.