viernes, 11 de enero de 2013

La culpa es del cretino de Amabilio


Pocos medios se han hecho eco del deceso, quizás por desconocimiento o falta de interés, probablemente porque lo extraordinario del caso fuera motivo de alarma entre la población. Quién sabe, los criterios periodísticos son inescrutables, al igual que los designios de la providencia. 

Yo me resisto a dejar pasar el asunto, quizás porque me seduce la singularidad del personaje o probablemente porque me atrae el malestar que pudiera ocasionar su conducta. Un tipo raro, oscuro, con un punto de excentricidad que nunca le hizo interesante. Le gustó nadar contracorriente, subir cuando los demás bajaban, considerarse así mismo el último mohicano, un asceta. Un tipo extraordinario ante sus propios ojos, un imbécil ante la mirada de los demás. 

Amabilio Luna gustaba de pagar todas sus facturas. No dejaba nada a fiar y lamentaba la ocasión en la que debía pedir prestado. No era un tipo corriente, precisaba estar al día de pago, ya fuera con hacienda, la seguridad social o el tendero de abajo. En consecuencia, un tipo extraño. 

Murió hace unos días, solo, al corriente de deuda alguna, eso sí, pero solo. Aunque, a decir verdad, más allá de morirse solo, no puede existir otro modo de hacerlo por mucho que estés acompañado.  Poco le importó al bueno de Amabilio, tenía poco dinero en la cartilla pero la conciencia al día. 

Feneció mayor, probablemente cuando le tocaba y seguramente porque había vivido lo que le correspondía. Tal vez porque no tuviera remordimiento alguno. Hoy se ha sabido que fue el último español en poseer tamaña distinción. A la falta de desazón me refiero, que más ancianos que Amabilio aún viven. 

Nunca un tipo como él debió considerarse ejemplo alguno, cumplir, pagar, tener poco pero no deber nada. Comportamiento infrecuente y conducta inapropiada, censurable y punible, diría yo. Abonó todos sus recibos con IVA, jamás supo lo que fue pagar en B y de todo aquello que detentó debajo del colchón siempre tuvo constancia hacienda. 

Probablemente quede algún que otro fulano de esta especie, resulta imposible controlarlos a todos. Tranquiliza saber que el Ministerio está tomando cartas en el asunto y ha prometido acabar con estos golfos. El día que estos tipos desaparezcan prometo traer mi dinero de Suiza.