sábado, 16 de noviembre de 2013

Esto es la leche





Recuerdo cuando bajaba a la panadería de Segundo a por leche. No había mucho donde elegir, o te llevabas la leche del día, aquella que venía embasada en una bolsa, o regresabas de vacío. 

Abrirla suponía un juego malabar, tenías que cogerla por una esquina, allí por donde las marcas indicaban que debías cortar ese borde con unas tijeras. Aquel proceso resultaba sencillo, el problema venía después, lo realmente jodido era mantener aquello en equilibrio. 

Por sí mismo era misión imposible, así que, en nuestra casa utilizábamos una jarra de plástico y de color verde para que la leche no se desparramase por encima de la mesa. Tampoco aquello resultaba sencillo, había que colocar la bolsa con sumo cuidado, ejerciendo la presión exacta, tratarla con mimo y, al finalizar, cerrarla con una pinza de colgar la ropa.

Mi cerebro nunca olvidará el olor de la leche de vaca recién ordeñada, aquella que ibas a buscar con Andrés a la cuadra del ganadero, la misma que a veces te llevaban a casa. Con su nata, con esa densidad que casi se cortaba, caliente como si la acabaran de retirar del fuego. Aquello sí que era leche de verdad. 

La calentabas en una cocina de butano, tenías que estar pendiente porque la cazuela se podía quemar con facilidad o se formaba aquella nata que a muchos nos daba arcadas; bendito colador. Hace tiempo que el microondas acabó con aquella liturgia.

Hoy, las cosas han cambiado. Andrés falleció y los ganaderos ya no venden leche en la cuadra. Segundo hace años que traspasó la panadería y cuando vas a comprar no hay quién se aclare. Sin lactosa, entera, desnatada, semi, con soja o 100% calcio. 

Ahora, beberla a cierta edad no es tan recomendable como antes, eso dicen. “¿Qué mamífero has visto que beba leche siendo adulto?” Tiene guasa el asunto, podría poner un millón de ejemplos que no hacen el resto de los mamíferos y, por el contrario, nosotros llevamos a cabo. 

A pesar de los problemas digestivos que según los estudiosos provoca, hay veinte tipos diferentes, docenas de marcas, cajas apiladas, colores que le complican la existencia a un daltónico. Tetra bricks que salpican, abre-fácil, los cojones. Un sindiós.  

Yo, desde hace un tiempo, la tomo sin lactosa, porque mi amigo Mendi comenta que mejorará mis digestiones y me hará correr como un gamo. Particularmente prefería la que vendía Segundo, la leche sabía a leche, y una vez que le cogías el truco a la bolsa aquello era un lujo.


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