martes, 19 de noviembre de 2013

Esto es de allá, ya volverá



Decía mi abuelo cada vez que se iba la señal de televisión: “Esto es de allá, ya volverá”. Después llegaba alguno de mis tíos y daba un buen golpe al lateral del televisor y, como por arte de magia, volvía la señal. 

El argumento de mi abuelo, que con el paso del tiempo me cautivó, tenía mucho más sentido que darle un mamporro al viejo aparato para recuperar la emisión. Pero aquello simplemente fue la constatación de que tenemos adquiridos algunos hábitos que muchas veces no tienen lógica, pero resultan igualmente eficaces. 

Podemos ilustrarlo con algunos pequeños ejemplos. El más recurrente es el del ordenador, se bloquea, se vuelve loco, nos trae a mal traer y, como por instinto, decidimos apagarlo con la seguridad de que al encenderlo estará como nuevo. Lo cojonudo es que, casi siempre, es así. Para qué vas a llamar a un informático.

Hay uno que me gusta especialmente; te duele el estómago, la cabeza, te aquejan los mil males o tienes un dolor insoportable en cualquier parte del cuerpo y, en lugar de ir al médico, decides echar una cabezada a ver si aquello se pasa. Da igual la gravedad del asunto, un sueño reparador y como nuevo. También funciona, no siempre, pero los resultados son positivos con  relativa frecuencia. 

El siguiente siempre me ha sacado una sonrisa, tanto cuando lo hago yo como alguien a quien acompaño. Vas conduciendo por un lugar desconocido y te estás aproximando al destino. Entonces, aquella radio que llevabas a tope mientras escuchabas a Los Chunguitos decides apagarla inmediatamente. No bajas el volumen, la apagas. Como si el “Dame veneno” de los hermanos Salazar te nublara la vista. “¿Por qué apagas la radio?” “Porque me distrae, coño.”

Hay más ejemplos asociados a radios, bombillas, coches o teléfonos; pero esos vamos a dejarlos para otra entrega.

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