miércoles, 20 de noviembre de 2013

El otro lado de la red



Ayer noche regresaba a casa después de tomar las cañas que siguen a la pachanga, hacía un frío que quitaba el sentido. Soplaba un viento del norte que cortaba la respiración, venía de las montañas, que ya empiezan a estar cubiertas por la nieve. 

El invierno ha llegado a León sin transición, hemos pasado de unos días primaverales, a pesar de estar en otoño, a sacar apresuradamente del armario bufandas, gorros, guantes y pellizas. Nada que no sepamos por estas tierras y otras parecidas. Ya hemos tenido un mes de tregua, agradecidos, que los inviernos se hacen largos.

El caso es que llegué a casa destemplado, con la calva helada y las manos ateridas. Entré en el recibidor y tuve una sensación realmente confortable. Me sentí bien y no pude menos que esbozar una sonrisa, fue un pequeño momento de felicidad. Simple en lo superficial, realmente complejo en su verdadero significado. 

Pensé en la fortuna, en las circunstancias de la vida y sus oportunidades. En cómo la pelota cae de un lado u otro de la red sin que, en muchos casos, haya una explicación lógica para ello. Sin que actúe la fuerza o la gravedad. Simplemente termina situada en un  costado, docenas, cientos de imponderables. Una suerte o una desgracia, según el lado. 

Andan por ahí sueltos fulanos infinitamente codiciosos, seguramente los menos. Pienso que a la mayoría nos llega con lo “básico”, lo cual debería ser imprescindible, indispensable. Un trabajo, una casa en la que vivir, comida en la nevera, dinero para uso corriente, un par de escapadas al año y salud para gastar. Poco más, algún pequeño capricho de vez en cuando y para de contar. Después, la rutina ya se encargará del resto.

Cuando sales del calor del recibidor, concluyes que todo eso es un delirio. Millones de personas sin trabajo y con poco en la nevera. Miles de casas vacías y miles de personas sin casa. Paradójico, cuando menos. Frío, hambre, necesidad, angustia, mucha pena y poca esperanza. Antes había que ir más lejos, ahora no es necesario recorrer tanto. 

La vida, ese sofisma. La pelota recorriendo la red mientras el azar decide de qué lado caer. Así fue a lo largo de los años y así continuará siendo.

2 comentarios:

  1. Buenísimo artículo Felison!

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  2. Jorge Hernaiz (Burgos)23 de noviembre de 2013, 2:41

    Pues tienes razón. Y aquí habrá que estar disputando el partido con todos la ilusión del mundo para que la pelota caiga del lado adecuado y que nos permita disfrutar de esos "básicos" que deberían ser obligatorios.

    Como siempre un placer verte por estas tierras que también son conocidas por sus frescas temperaturas. Un abrazo

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