jueves, 10 de octubre de 2013

Intoxicación "noticiaria"



A Silverio no le gustaba sufrir. “¡Coño!, ¿y a quién sí?”, le interpelaba yo con frecuencia. “A ti, por ejemplo. A la inmensa mayoría de las personas que habitan este planeta. A todos cuantos tienen acceso a la información. No lo sabéis, pero sufrís. Oís a diario noticias descorazonadoras: atentados, crisis, corrupción, asesinatos a sangre fría… Todo es dolor, muerte o falta de valores. Escucha un informativo asépticamente, verás que por cada buena noticia hay diez, quince, veinte malas. No lo sabéis, pero sufrís, y mucho”.

Eso pensaba el bueno de Silverio. Tenía la teoría de que el exceso de información y el modelo que hoy vivimos para consumirla intoxica, manipula y te convierte en un ser  infeliz. La mayor parte son escándalos, sucesos luctuosos y macabros con tintes escatológicos. Llanto mientras desayunas, comes o cenas, ni una puta sonrisa; lo más parecido, una mueca de amargura.

“¿Y cómo puedes hacer algo para arreglarlo si no sabes lo que pasa?”, preguntaba yo. “Muy bien. En primer lugar existe la sustancial diferencia entre saber y creer saber. Tú piensas que sabes qué es lo que sucede en Siria, en el caso Bárcenas, en Afganistán o en Fukushima. Pero no tienes ni puta idea. Realmente sabes lo que te cuentan, lo que quieren que sepas. Además, en función de tu criterio, escucharás un medio u otro, todos con sus intereses. Del índole que sea, igual da.”

“Vale,-proseguía- vamos a dejarnos llevar por la utopía y suponer que los medios realmente son objetivos, que lo que cuentan es lo que realmente ocurre. ¿Y? ¿Qué diferencia hay entre tú que sabes todo le que pasa en el mundo y yo que sólo leo libros? ¿Qué haces para cambiarlo? Te encabronas, te manifiestas, te haces socio de una ONG o voluntario de la Cruz Roja. Todo muy loable, por cierto. Realmente creo que hay que hacer algo que contribuya a un cambio. Pero, al día, semana o mes siguiente, ¿Cuál es la diferencia? ¿Qué ha cambiado?”

“Joder, Silverio, tu argumento es duro de cojones”. “Puede ser, Félix, no lo niego. Aún así trato de ser un buen ciudadano. Cumplo con mis obligaciones, aporto a la sociedad lo que buenamente puedo, ya sabes que soy voluntario en un banco de alimentos; pero no escucho las noticias. Me gusta ser feliz y eso no me ayuda en mi propósito. Pruébalo durante una semana, sonreirás más a menudo”.

Cada día estoy más cerca de la teoría de Silverio. Quizás empiece mañana, hoy ya leí el periódico.

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