martes, 28 de mayo de 2013

¡Qué atrevida es la ignorancia!


Cada vez que Juan Mora escribe una columna sobre baloncesto sube el pan. Uno no sabe si lo hace por desconocimiento o mala baba. No es la primera ocasión, y a buen seguro que tampoco será la última, en la que un “artículo” suyo nos deja perplejos.

Sin lugar a dudas, el de hoy retrata al personaje. El título es ilustrativo: “Los Mourinhos del baloncesto”. En él compara a los entrenadores de baloncesto con el todavía técnico del Real Madrid de fútbol. Argumentando que mandan mucho y entrecomillando una frase que no recuerda quién se la dijo: “Los entrenadores de baloncesto nunca permitirán que sus jugadores ganen un partido”. Claro, son gilipollas. Como si en el fútbol no hubiera entrenadores “amarrateguis”.

“Además, con un protagonismo exagerado. Saben que las cámaras les siguen, y gritan, saltan, se desgarran, sobreactúan” Y así, una retahíla de memeces que no hay por dónde cogerlas.

En algo estamos de acuerdo, los entrenadores de fútbol tienen menor influencia en el juego. Varias aspectos son los que influyen: un deporte mucho menos táctico, ninguna capacidad para detener el ritmo del equipo contrario si éste no te conviene, limitación en los cambios a realizar, etc.

A partir de ahí, como en todas las profesiones, las reacciones de cada cual irán en función de su carácter. Todas legítimas siempre que no supongan una falta de respeto. A ver si ahora Fernando Vázquez no celebra cada gol como si fuera el de una final de Champions o Simeone no espolea a la afición levantando enérgicamente los brazos. No creo que, el bueno de Juan Mora, haya visto a Aíto saltar, gritar o sobreactuar muchas veces, y ocasiones para ello ha tenido.

De todos modos, el baloncesto proporciona sobrados motivos para que el entrenador reaccione impulsivamente. Suceden muchas cosas en poco tiempo, se puede pasar de la “euforia” a la “depresión” en cuestión de segundos y los detalles suelen decidir los partidos.

Aún influyendo más que en el fútbol, el baloncesto es de los jugadores y de su talento. De las tres prórrogas y los 242 puntos que hubo en el CAI-Valencia no se habla. Ya imagino a Abós y a Perasovic desgarrados por el dolor cada vez que uno de los suyos metía una canasta: “¿A dónde vas?, inconsciente”.

Lo dicho, ¡qué atrevida es la ignorancia! Prefiero pensar que ese es el motivo.

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