lunes, 8 de abril de 2013

Las gripes de antes


Decir que los tiempos cambian resulta una obviedad, casi todo es diferente si lo comparamos con hace diez años. No digamos si echamos la vista más atrás y nos remontamos al siglo pasado. La moda, la tecnología, los coches, la televisión, la oferta de ocio o nuestras “necesidades”. 

Definitivo resulta ver vídeos o fotografías de otra época. Nos producen el mismo asombro que nos provocarán imágenes parecidas pasado un periodo similar. El reciente ataque de un virus me ha llevado a semejante reflexión, no es que me haya hecho delirar, simplemente he pensado en cómo pasábamos las gripes hace unos cuantos años. Allá cuando éramos pequeños.

No existían remedios médicos muy diferentes a los de ahora. Vahos de eucalipto para aliviar las vías respiratorias, reposo en cama, manzanilla con miel y limón, antibióticos, algún jarabe que siempre ha sabido a hostias y paracetamol para bajar la fiebre. 

En eso se ha evolucionado poco, aún no han inventando una inyección que lo solucione con un pinchazo. Si hoy en día resulta un coñazo estar en la cama durante unos cuantos días, lo de antes tenía tintes heroicos. 

No disponíamos de televisión en la habitación, aunque más allá de la carta de ajuste no había nada que ver hasta determinada hora de la mañana. La ausencia de mando a distancia no hubiera supuesto un problema, ya que la existencia únicamente de dos canales facilitaba las cosas. Con lo cual, el único entretenimiento se ceñía a un tebeo que terminábamos releyendo cincuenta veces y que perdía el color y las letras de tanto sobarlo.

Ahora tenemos televisión de alta definición con 50 canales, aunque hay lo mismo para ver que entonces. Y una tableta con acceso a internet que nos permite estar al día de todo lo que ocurre en el mundo sin necesidad de destaparnos. 

Al final llegas a la conclusión de que la fiebre sigue siendo la misma por mucho que los termómetros sean digitales y no de mercurio. Y que, por mucha tecnología que la ciencia ponga a nuestro alcance, siempre serán mejores las gripes de antes porque al menos albergabas la esperanza de pegar un estirón.

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