martes, 30 de abril de 2013

Nunca resultó sencillo ser el primero


En la vida, como en el deporte, ser el primero nunca resultó sencillo. Siempre fue más fácil que otros caminaran delante para allanar el terreno. 

Ayer no se habló de otra cosa en Estados Unidos, televisiones, radios o periódicos. Twitter era un hervidero y, lo que antes tardaba días en llegar a España, fue recibido aquí en cuestión de segundos. Jason Collins se ha convertido en el primer jugador de la NBA en activo en reconocer públicamente su homosexualidad.

Las reacciones no se hicieron esperar, el propio comisionado de la NBA o algunas de las estrellas de la liga como Kobe Bryant, Pau Gasol o Steve Nash mostraron su apoyo al pívot de 34 años. Hasta el ex presidente Clinton, cuya hija Chelsea fue compañera de Collins en la Universidad de Stanford, se mostró “orgulloso de poder llamar a Collins su amigo”. 

Collins, en una carta publicada por la revista Sports Illustrated, reconocía ser homosexual. En ella habla de su doble vida, de su juventud, de su tía Teri (su mayor apoyo), de su hermano gemelo y de los motivos que le llevaron a hacerlo público. Y no es únicamente lo que cuenta, sino cómo lo explica.

Sin lugar a dudas, ha tenido que ser realmente complicado dar un paso así. La reacción de su familia y amigos, el miedo al rechazo por parte de algunos de sus compañeros de profesión, (ya lo vivimos con el homófobo Tim Hardaway) o la dificultad para encontrar un empleo en la liga (la temporada próxima será agente libre), seguro que han supuesto obstáculos que dificultaron tal decisión. 

Resulta sorprendente que algo que es tan antiguo como el ser humano sea considerado extraordinario en el año 2013. Tan llamativo como la expresión: “ha reconocido públicamente su homosexualidad”. Joder, como si de un crimen se tratara. Seguramente no hayamos avanzado tanto como creemos. 

Por supuesto que la declaración resulta extraordinaria, pero más por la mentalidad e hipocresía de la sociedad que por el hecho en sí mismo. El deporte, símbolo de integración y diversidad, lleva varias vueltas de desventaja en este asunto. 

Collins ha dado el paso más complicado, el del primero. A buen seguro que le seguirán unos cuantos. Para entonces esperemos que aquello no sea noticia, o mejor aún, que nadie deba verse en la obligación de manifestar cuál es su condición sexual. Entonces estaremos avanzando en el camino correcto.  

jueves, 25 de abril de 2013

La risa va por barrios


El asunto debiera ser tratado por un sociólogo, como tantas muchas cosas de las que suceden en este país. Ignoro si este fenómeno sucede en otras naciones, aunque habiendo seres humanos por el medio todo es posible. 

Lo ocurrido entre las 20.45 del martes y las 23.30 de ayer miércoles fue una especie de castigo divino. Un modo de vengar la soberbia y la mala baba. 

Cuando hace unas semanas se celebró el sorteo de semifinales de la Liga de Campeones, todos respiraron aliviados al ver como el Real Madrid y el Barcelona no se enfrentarían en la última eliminatoria de la competición. “Las bolas calientes” habían querido depararnos una magnifica final entre los dos mejores equipos del mundo. Al menos eso vaticinaba parte de la prensa especializada. Aún están a tiempo de acertar, si bien el primer envite les ha dejado en evidencia.

En parte tiene su lógica, son dos grandes clubes con enormes presupuestos y extraordinarias figuras, hay más de un forofo en la profesión y el fútbol parece el último recurso al que asirnos ante nuestra maltrecha situación; con mayor motivo si la “víctima” es alemana. 

El martes, cerca de la media noche, muchos eran los madridistas que se mofaban del batacazo del Barcelona. Veinticuatro horas después la risa cambió de barrio tras la debacle del Madrid. La mala baba y las miserias puestas al descubierto con toda su crudeza. Lamerse las heridas mientras el rival también está maltrecho siempre resultó menos traumático. 

Nunca he entendido qué satisfacción producen los fracasos de los demás cuando éstos no te afectan directamente, cuando no te proporcionan beneficio alguno. Jamás he comprendido los razonamientos que argumentan semejante regocijo, dejando en peor lugar al que se mofa que al que sufre la burla. Desconozco qué hubiera pasado en Alemania si lo sucedido hubiese sido al revés.

Ahora, el Barcelona encomienda el milagro al genio Messi y el Madrid al espíritu de Juanito. En el deporte, como en la vida, todo es posible.  Aunque después de lo visto quedan demostradas un par de cosas: la risa va por barrios, y este país apenas tiene pan y cada vez menos circo.

viernes, 19 de abril de 2013

40 y, al menos, otros tantos.


Ya están aquí, llevo un tiempo esperando. Antes he visto pasar a casi todos mis amigos y, a juzgar por las consecuencias, no ha sido tan traumático. Lo cierto es que a mí nunca me lo pareció, pero siempre ha resultado fácil hablar de las experiencias ajenas. Por lo general, opinar sobre el resto siempre fue más sencillo que juzgarse a uno mismo; aunque hoy ese no es el tema. 

Cuando uno tiene veinte años no toma conciencia para imaginar cuál será su aspecto al llegar a los cuarenta. Si por entonces hubiera sido capaz de hacerlo no me hubiera imaginado calvo, con las sienes plateadas y la barba cana. Al menos mantengo el peso de antes, aunque no es menos cierto que pasé por una época en la cual estuve para la matanza. 

Llegar a la cuarentena no te convierte en maestro de nada, más bien en aprendiz de casi todo. Pero si hay algo que me ha enseñado la vida es que ésta da muchas vueltas, tan pronto estás arriba como te pegas una hostia de dimensiones bíblicas. La perspectiva, la capacidad para relativizar lo que ocurre, no hay mejor modo de afrontar los problemas, no hay mejor manera de sobrevivir.

La vida es eso, tomar distancia, en ciertas ocasiones hacer que algo banal parezca un drama, sonreír cuando llueve, sufrir, dejarte llevar sin consecuencias, amar,  disfrutar de tus amigos como si no hubiera mañana, correr, llorar, sentir el dolor, disfrutar de los días largos, del mar y de la noche, del sol que entra por la ventana, oler la ropa húmeda, el café recién hecho y la hierba nada más segada.

Gozo de un buen puñado de amigos, muchos más de los que imaginó Casimiro. Puedo llamarlos o dejar que pasen semanas sin verlos, los tengo más por lo que significan ellos que por lo que soy yo.  

Después están las cuestiones menores, te duelen músculos o huesos que jamás imaginaste que existieran, duermes mal, recuperas peor y algunas veces le das importancia a trivialidades. Estupideces que olvidan la esencia y se centran en lo superficial. La vida está para vivirla, aunque algunos tengan la desgracia de sufrirla. 

Pienso levantarme dentro de un rato con el propósito de seguir disfrutando, saboreando cada momento, agradeciendo cada mañana, cada sonrisa, cada momento. Como dice mi padre: “El problema es no cumplirlos, no disfrutarlos”. Hay que gozar como si no hubiera mañana.

martes, 16 de abril de 2013

Admirables y despiadados


Somos animales complejos, admirables y excepcionales en muchas ocasiones, despiadados y crueles en tantas otras. Tan pronto corremos a auxiliar a un igual en una situación de emergencia sin reparar en las posibles consecuencias para nuestra integridad, como nos aniquilamos los unos a los otros sin el menor remordimiento.

Hemos evolucionado en infinidad de aspectos, pero seguimos siendo cavernarios en muchos de nuestros actos. Sin taparrabos, mas con los mismos instintos primarios. Ausentes de razonamiento y llenos de codicia y odio. 

Lo vimos ayer en el Maratón de Boston, dos bombas provocaron al menos tres muertos y decenas de heridos. Al tiempo, muchos corredores cruzaban la meta y acudían inmediatamente a donar sangre. 

La repercusión en Twitter fue inmediata y, de nuevo, lo que más me llamó la atención fue el hecho de que algunos compararan el valor de las víctimas en función de dónde fueran éstas.  Por ejemplo, la poca trascendencia mediática que tiene la guerra de Siria comparada con una matanza en un campus universitario de Estados Unidos. 

Es cierto que Siria parece importar bien poco, como el conflicto en Lahad Datu, el de la República Democrática del Congo o el de Yemen; pero eso no significa que el horror de la muerte o el dolor de las heridas sea mayor en un lugar que en otro. 

Las víctimas son igual de inocentes y los motivos que las causan suelen ser parecidos. La cuestión es lo que somos, cómo nos comportamos y hasta dónde estamos dispuestos a llegar. La pregunta es: ¿de qué nos han servido todos estos siglos de evolución si nuestro comportamiento se sitúa en el punto de partida? 

Está el terrorismo de las bombas y las balas, ruidoso, desgarrador y sangriento. Después está el otro, el de los gobiernos, los mercados y los bancos. Sigiloso, de guante blanco, “legítimo” (puesto que dictan las normas), pero igual de cruel aunque mancha menos. 

El humano, ese ser maravilloso capaz de las hazañas más asombrosas, pero con ese punto de maldad que lleva camino de abocarlo a la autodestrucción.

martes, 9 de abril de 2013

¿Salvados o condenados?


El programa “Salvados” de La Sexta nació con un tono irreverente y desvergonzado, seguramente con la intención de hacernos reír. Igual le vacilaban al Papa que al Rey. El Follonero se burlaba hasta de su sombra y nosotros nos reíamos con su descaro.

Hoy “Salvados” es otra cosa, El Follonero es Jordi Évole y hace tiempo que no se mofa de nadie, el mismo que nosotros no nos descojonamos. Ahora su audacia e insolencia son muy diferentes, y las vergüenzas de una sociedad resquebrajada son las que quedan al aire.

Ya no son un puñado de cientos de miles los que se sientan cada domingo en frente del televisor, ahora son más de cuatro millones. Cuatro millones a los que se nos tuerce el gesto y se nos revuelven las entrañas. Legión los que esperamos a que llegue cada domingo deseando que Évole saque a relucir lo que todo el mundo sabe y nadie cuenta.

Termina desenmarañando cualquier entresijo con esa cara de travieso y esas preguntas llenas de segundas intenciones y enmascaradas por una ficticia capa de ignorancia.

Le da igual las eléctricas, que las empresas de armamento, que las farmacéuticas o la financiación de los partidos políticos. “Salvados” se ha convertido en un programa denuncia. En una emisión imprescindible que nos deja con mal cuerpo y en peor lugar.

Nos deja desnudos ante una realidad que muchas veces evitamos, nos arrea un guantazo a mano abierta en toda la jeta y nos sitúa ante la certeza de que somos marionetas de un sistema corrompido por el poder y el dinero.

Cada domingo apago el televisor con el propósito de no volver a verlo y con la certeza de que esta sociedad no tiene arreglo. Lo primero por más que me empeño no lo consigo, de lo segundo cada vez estoy más seguro.