viernes, 15 de febrero de 2013

Los humanos


Gustamos de generalizar, quizás porque nos ayuda a eludir nuestra responsabilidad. Hablamos de manera abstracta, de entes como elementos extraños, marcianos que nos han invadido y habitan un planeta que no les pertenece. 

Tipos con antenas, de un color verde que nos acerca al vómito, gente sin escrúpulos que debieron recibir una educación muy diferente a la nuestra; los humanos. Sujetos que codician el poder, el dinero y evitan cualquier compromiso. Seres despreciables, repugnantes, asquerosos. 

Los políticos, los bancos, los sindicatos, los mercados y la madre que los trajo. La de ellos y la de todos los que no caben en un post. Todas juntas, sin olvidar alguna. 

Rajamos de ellos como si fueran extraterrestres. Como si allí no hubiera personas de carne y hueso. Como en los bufetes de abogados, que también son despreciables. O los representantes de jugadores, entre los que me incluyo. Codiciosos, miserables y usureros. Profesiones detestables a las que únicamente puede dedicarse individuos sin melindres, alienígenas. 

Y así estamos, con la pluralización por bandera, repartiendo a diestro y siniestro, sin reparar en que el mundo y las profesiones las componen las personas. Hasta aquí hemos llegado sin que nadie nos empuje. 

Dinero y poder, sin remilgo alguno, cuanto más arriba menos vértigo. Poca educación, nada de  ética y toda la desvergüenza. Esos somos nosotros, no todos, que generalizar es lo que tiene. El poder corrompe y el dinero prostituye, a casi todos, a la mayoría.

Deberían programarnos y lanzar los códigos al mar. Aunque, si así fuera, ya se encargaría alguien de bucear hasta encontrarlos. La perversidad del ser humano, esa que nos corrompe y nos lleva a mal traer.

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