jueves, 14 de febrero de 2013

El rey, el huevo frito


La vida está llena de pequeños placeres, muchos de ellos tan cotidianos que terminan resultando insignificantes. Acostumbrados al vértigo diario pasamos por ellos de puntillas, sin apenas disfrutarlos.

Una ducha que te haga entrar en calor o que te refresque, una agradable conversación, un paseo por el monte o la playa, disfrutar de una buena cena con el vino adecuado, reír, jugar con la nieve, correr bajo la lluvia, un chapuzón en el mar, cagar (porqué no), contemplar la luna, hacer el amor, encontrarte con un viejo amigo o dormir.

Son innumerables, casi infinitos. Momentáneos, instantáneos o duraderos. Pero hay uno que me causa especial placer: comer un huevo frito. Nunca algo tan sencillo explicó tantas cosas. 

Si no lo conociéramos resultaría imposible pensar que de aquel rudo cascarón pudiera salir semejante manjar. La sartén le espera con el aceite bien caliente y cuando lo vemos caer tenemos la sensación de que será imposible que sobreviva en condiciones tan adversas. 

Muy al contrario, se viene arriba, se crece. Y cuanto más aprieta el fogón más opciones adquiere la puntilla. Esa con la que muchos sueñan y por la que algunos matarían. Tan difícil de lograr, una especie de Santo Grial culinario. 

Después está el modo de condimentarlo, una pizca de sal o un poco de pimentón en lo alto. Más tarde llega la manera de comerlo, aparentemente sencilla pero muy diferente en función de quién lo haga. Los hay que se deleitan mojando la yema hasta dejarla seca, otros prefieren empezar por la clara, incluso existe alguno que deja la yema para el final tras haber comido la clara, o aquel que realiza el mismo proceso y se la come entera, sin mojarla.

Mejor si son de corral y el pan es de hogaza. Preferible si lo fríe tu madre o tu abuela, tienen ese yo qué sé que lo hace especial, diferente. Y, por favor, que nadie nos cuente aquella milonga de: “cuando seas padre comerás dos huevos”.

Nota: 1) Mi amigo Javier de la Fuente es de los que mata por la puntilla y la foto está dedicada a él. Lástima que el huevo sea de plástico.
2) El del burladero es de los que se tragan la yema sin mojarla, animal.

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