miércoles, 13 de febrero de 2013

El hombre que dominaba al sueño


Vencida la zozobra de las primeras semanas comenzó a disfrutar. No resultó sencillo, durante los primeros días se sintió desconcertado y le resultó complicado ser protagonista de aquel perverso juego.

No fue algo premeditado, sencillamente ocurrió, como tantas otras cosas en la vida. Como esas que jamás te planteas pero te sorprenden el día más insospechado. Cuando crees tenerlo todo dominado la vida te tuerce el gesto y te cambia el sendero.

Al principio se sintió sucio, la conciencia le remordía a lo largo del día pero la noche le transformaba. Le trasladaba a una realidad paralela de la que tardó un tiempo en tomar conciencia. Se sentía desinhibido, ajeno al mundo, feliz y libre. 

Vagaba por las calles sin rumbo, eso fue al inicio. Más tarde, cuando tomó el control de la situación supo lo que debía hacer. Entendió aquello como una oportunidad, significaba el modo de alejarse de su rutinaria vida aunque fuera por unas horas. Tenía el mando y le gustaba. 

Se creía un elegido, y en cierto modo así era. No se conocía ningún caso como el suyo. Nunca se citó a alguien que tuviera el control de sus sueños, jamás se oyó decir que hubiera persona alguna que dispusiera de la capacidad de someter al inconsciente. 

Cada día se acostaba antes, se levantaba más tarde y se relacionaba menos. Llegaba al trabajo esperando que pasara el día para encontrarse con la noche. La angustia se apoderaba de él cuando los minutos se le escapaban. Tenía el dominio de sus sueños pero había perdido el gobierno de su vida.

Se encerró, durmió y soñó cuanto quiso; para cuando despertó ya era demasiado tarde.

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