miércoles, 20 de febrero de 2013

El aislamiento social


Muchos son los que piensan que votar sirve de bien poco, otros que manifestarse no vale para nada y cada vez son más los que creen que la huelga sólo ayuda a que los sindicatos  “justifiquen” su trabajo y a que el currante pierda aún más dinero. 

Sobres, peinetas, espionaje, blanqueo de dinero, paraísos fiscales o fundaciones. El Gobierno, la Casa Real, empresarios y partidos políticos implicados en escándalos de corrupción. Una pocilga, un estercolero, una cochiquera. Como decía ayer Iñaki Gabilondo: “la muestra de que nos han perdido el respeto”. 

Para que nos vuelvan a considerar sólo se me ocurren dos soluciones, ambas utópicas. Una sería que todos los españoles dejáramos de pagar nuestros impuestos hasta que devuelvan lo robado. Subversivo, cierto. Pero cuando el 96% de lo que se recauda en España proviene de rentas inferiores a 60.000€ a uno se le inflan las gónadas. 

Puesto que se están construyendo una sociedad a medida, la otra solución sería que les resultara insoportable habitar en ella. Lejos de las agresiones físicas o verbales que nos situarían a la misma altura de su catadura moral y les proporcionarían un argumento de defensa; deberíamos aislarlos socialmente.

No atenderlos en los supermercados, ni permitir que reserven mesa en un restaurante, que todos los taxis estén ocupados, cruzar de acera cada vez que vemos venir a un imputado, que no puedan alojarse en ningún hotel, ni entrar en un spa o que no les sirvan una caña en ningún bar de España y si lo hacen que se la beban a solas. 

Cada imputado, cada corrupto, como si fuera un leproso. El vacío que hacíamos de pequeños en el colegio, que humillaba más que una bofetada a mano abierta. Entonces, cuando nos vuelvan a respetar dejaremos que formen parte de nuestra sociedad. 

Hoy no hace falta ningún debate sobre el estado de la Nación, les podemos explicar nosotros cómo está la cosa.

1 comentario:

  1. Esta es la lectura del gran Mahatma Gandhi....

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