miércoles, 27 de febrero de 2013

Todos a la cárcel


Parecía imposible, nadie lo hubiera imaginado jamás pero ha llegado ese momento. El día a día de lo que ocurre en España, y sus proximidades, supera cualquier derbi y ha trasladado a Mourinho al tiempo de deportes por muy provocadoras que sean sus declaraciones. 

El pan y el circo ya no nos entretienen como a muchos les gustaría. Bárcenas se ha destapado como un funámbulo que ha puesto el ventilador en marcha, Cospedal nos deja ruedas de prensa para la historia del disparate, ya les gustaría a Faemino y Cansado estar a su nivel. El PSOE es una jaula de grillos donde andan a palos y donde no saben detrás de lo que están. Igual piden que abdique el Rey como piden votar a favor de la independencia de Cataluña. 

Urdangarín se lo ha llevado crudo pero sigue campando por sus respetos. Después están el ex socio de éste, Su Majestad y Corinna, que no es baladí. Toni Cantó manifiesta que la mayoría de las denuncias por maltrato a mujeres son falsas y que la estadística está sesgada. Del derecho de los animales ya hablaremos en otro momento. El Papa se cansa de serlo porque se dice que lo que pasa en la Iglesia desprende un hedor nauseabundo. 

Pues eso, le dice el muerto al degollado mientras alucinamos con lo que pasa en Italia. Alguno se quema a lo bonzo y a otros los desahucian aunque fuera esté nevando. Y de Rato hace tiempo que no hay noticias, es lo bueno que tiene este país, tardan un cuarto de hora en “robarte” el protagonismo. 

Si no fuera por lo grave que resulta todo sería un descojono. Resines, Saza, Manuel Alexandre y Luis Ciges en “Amanece que no es poco”, y que no falte Freda Lorente. “¡Alcalde: todos somos contingentes, pero tú eres necesario!”.

Antología de un disparate, y nosotros sin el genio de Berlanga para que pudiera hacer un secuela de “Todos a la cárcel”.

martes, 26 de febrero de 2013

El pelucas


El pelucas resultó un impostor, era un tipo de verbo fácil y que gozaba de cierta presencia. A pesar de ser un fanfarrón tenía un punto que lo hacía agradable. Poseía cierto ingenio y era de los que disfrutaba siendo el centro de atención. 

Así debió conquistarla. Lo imagino haciendo gala de su porte, con el Mercedes descapotado y presumiendo de experiencia ante aquella mirada dulce e inocente. Ella era guapa, bastante presumida y de buena familia. Él parecía acercarse a lo que los padres de Patricia siempre quisieron para su hija. 

Todo eso a pesar de la fama de mujeriego de la que venía precedido. Aquello no resultó un inconveniente, más bien todo lo contrario. Había disfrutado de los buenos placeres de la vida y llegaba el momento de asentar la cabeza. Imagino que la herencia familiar de la que hacía gala también sirvió de ayuda. 

La boda resultó un acontecimiento, congregó a la mayoría del pueblo y vinieron familiares de diferentes puntos de la geografía peninsular. Ella lucía radiante, era su día. Él mantuvo la exigencia de siempre, no podía ser de otro modo. Los invitados al enlace lo recordarán para siempre.

Los primeros meses fueron una constante luna de miel. Respeto, pasión, amor y admiración, siendo especial la que ella sentía por él. Idolatrado, se regocijaba en aquel pedestal que Patricia le había construido a medida. 

El paso de los meses desdibujó su figura hasta llegar a borrarla. Al principio ella no quiso darse cuenta, negó la evidencia, miró hacia otro lado. Prefería sentirse engañada antes que asumir la realidad. Al final, sus prolongadas ausencias la empujaron a un precipicio inevitable.

Hoy el pelucas sigue derrochando verbo en busca de toda aquella que quiera escucharle y ella descrubrió que el tiempo cura hasta las heridas más profundas.


viernes, 22 de febrero de 2013

La felicidad


No os afanéis en seguir buscando, dejad de mirar en los cajones y detrás de las puertas. Ella viene de vez en cuando, pero nunca para quedarse. Nos deja algún aliento para llevar mejor el día, aunque a veces no aparece en semanas. Solemos confundirla y nos aferrarnos a cualquier indicio que nos recuerde a ella.

La vida misma y nuestro inconformismo son sus enemigos. La primera a veces golpea sin remisión, y cuando lo hace cuesta ponerse en pie. Tenemos el cuerpo y el alma lleno de cicatrices y, afortunadamente, la mayoría sólo duelen cuando nos acordamos de ellas. Esa primorosa capacidad del ser humano para arrinconar los malos recuerdos. 

Otras veces, sin saberlo, somos nosotros los que no la dejamos entrar. Y si alguna vez se asoma le reprochamos que no es suficiente, que necesitamos más de esto y menos de lo otro. Y así, sin apenas enterarnos, vamos dejando que transcurran los días. Con sus albas y sus noches. 

A veces es imposible, otras no es tan difícil. Basta con un pequeño gesto, con un día de sol o de lluvia, con una buena conversación, con un plato de sopa caliente, con una sonrisa o con amanecer cada mañana. No faltan los ejemplos y sobran los motivos. 

La felicidad plena no está al alcance de nadie, sencillamente porque no existe. Porque con frecuencia aparece algo que nos perturba, nos preocupa o nos molesta. La vida está hecha de momentos, de recuerdos y proyectos. Del hoy sin obsesionarse con el mañana, porque entonces éste llegará antes de lo esperado. 

Resulta sencillo decirlo y complicado hacerlo; pero es más fácil sonreír que llorar, solamente es cuestión de intentarlo.

jueves, 21 de febrero de 2013

La libertad no queda tan lejos


Hoy por la mañana amanecí muerto, no literalmente pero poco faltó. Al menos fue lo que pensé al tratar de encender el teléfono. Por más que apretaba el botón no era capaz de hacer que aquello diera señales de vida. Todo cuanto soy metido dentro de 12,38 x 5,86 cm. 

Decenas de direcciones de correo electrónico y cientos de números de teléfono en su interior. Un drama. Qué coño un drama, un putadón en toda regla. Años de relaciones y de trabajo para conseguir una agenda envidiada y codiciada por muchos. 

El inicio de un calvario. Si no me acuerdo ni de mi número, el cual también tenía memorizado en el teléfono, cómo voy a ser capaz de recordar el de los demás. Media docena de profundas inhalaciones, una tortilla de prozac para desayunar y una ducha bien fría para aplacar los caldeados ánimos. 

Ni una maldita copia de seguridad, con lo previsor que eres para otras cosas. Ni tan siquiera una mísera agenda como las de antes, aunque únicamente se utilizaran en casos de emergencia, puesto que sabíamos de memoria hasta el número de teléfono del vecino de enfrente al que nunca llamábamos. 

El repudiado servicio técnico espera, y lo mejor será ir caminando provisto de una libreta. Así, si me cruzo con algún amigo o conocido le puedo pedir su número y, de paso, el mío. 

“¡Uy, qué mala pinta tiene esto, señor!”. No sé qué me dolió más, si lo de señor o la mala pinta. Aunque probablemente presentara yo peor aspecto que el teléfono. Soltó de carrerilla la retahíla por todos conocida, rechacé un terminal de la época del pleistoceno y me sugirió encomendarme al Altísimo. 

Regresé arrastrando los pies, como alma en pena que maldice su desdicha. Ausente, distraído y vencido. Renegando de mi falta de cautela. Pasadas unas horas, cuando entendí que no sonaría el “ding” del WhatsApp o del email, ni el ring del teléfono, me sentí incomunicado pero un poco más libre.

miércoles, 20 de febrero de 2013

El aislamiento social


Muchos son los que piensan que votar sirve de bien poco, otros que manifestarse no vale para nada y cada vez son más los que creen que la huelga sólo ayuda a que los sindicatos  “justifiquen” su trabajo y a que el currante pierda aún más dinero. 

Sobres, peinetas, espionaje, blanqueo de dinero, paraísos fiscales o fundaciones. El Gobierno, la Casa Real, empresarios y partidos políticos implicados en escándalos de corrupción. Una pocilga, un estercolero, una cochiquera. Como decía ayer Iñaki Gabilondo: “la muestra de que nos han perdido el respeto”. 

Para que nos vuelvan a considerar sólo se me ocurren dos soluciones, ambas utópicas. Una sería que todos los españoles dejáramos de pagar nuestros impuestos hasta que devuelvan lo robado. Subversivo, cierto. Pero cuando el 96% de lo que se recauda en España proviene de rentas inferiores a 60.000€ a uno se le inflan las gónadas. 

Puesto que se están construyendo una sociedad a medida, la otra solución sería que les resultara insoportable habitar en ella. Lejos de las agresiones físicas o verbales que nos situarían a la misma altura de su catadura moral y les proporcionarían un argumento de defensa; deberíamos aislarlos socialmente.

No atenderlos en los supermercados, ni permitir que reserven mesa en un restaurante, que todos los taxis estén ocupados, cruzar de acera cada vez que vemos venir a un imputado, que no puedan alojarse en ningún hotel, ni entrar en un spa o que no les sirvan una caña en ningún bar de España y si lo hacen que se la beban a solas. 

Cada imputado, cada corrupto, como si fuera un leproso. El vacío que hacíamos de pequeños en el colegio, que humillaba más que una bofetada a mano abierta. Entonces, cuando nos vuelvan a respetar dejaremos que formen parte de nuestra sociedad. 

Hoy no hace falta ningún debate sobre el estado de la Nación, les podemos explicar nosotros cómo está la cosa.