miércoles, 12 de diciembre de 2012

El fin del mundo según los mayas.


Ayer, Carlos Orejas me dio un décimo de lotería que según las predicciones de una vidente será el gordo de la lotería de Navidad el próximo 22 de Diciembre. De hecho, tal ha sido la repercusión de semejante vaticinio que la administración que dispone del número mágico no ha parado de recibir llamadas desde diferentes puntos de la península tratando de hacerse con el “gordo”. 

Como no podía ser de otro modo, un tipo como yo, tan aficionado a la astrología y a las predicciones de los futurólogos, he amanecido con la conciencia de un millonario. Mientras desayunaba mi cola-cao con magdalenas, pensaba en cómo será mi vida a partir del día 22. La despreocupación de una hipoteca pagada, viajes, nuevas experiencias… 

Cuando estaba mojando el último trozo de la última magdalena, he caído en la cuenta de que el fin del mundo según los mayas se va a producir un día antes del sorteo. Mi fin ha estado a punto de llegar en una fecha tan molona como el 12/12/12. Qué manera de atragantarme. De un plumazo habían desaparecido mis sueños, había perdido 400 mil euros y, lo que es peor, los 20 que me costó el décimo. Coño, ¿no podían haber esperado los mayas un lustro y permitir que me lo fundiera?  

Como me resisto a dejar de tener una casa con piscina he empezado a documentarme. Recientemente la NASA, e incluso el Vaticano, ha desmentido a los mayas. Parece que ningún cataclismo cósmico, como el choque de la Tierra con otro planeta, el impacto de un asteroide gigante o una llamarada solar acabarán con nuestra civilización. De momento. 

Aunque parece que la argumentación de los científicos no ha convencido a las miles de personas que han escrito preguntando por la hecatombe; y ya hay muchos que se apresuran a hacer acopio de víveres, linternas, armas, oro o semillas. Sin comentarios.

Tal ha sido mi preocupación matutina que he querido informarme de manera más concienzuda. Y me he quedado mucho más tranquilo cuando me he enterado que recientemente han encontrado el calendario maya más antiguo. Unas tablas que datan del siglo IX, pintadas en las paredes de una casa en un yacimiento de Guatemala, donde describen el ciclo de la Luna y de los planetas, al menos, durante 7.000 años más. Eso sí que es aparecer en el momento oportuno.

Estoy hecho un verdadero lío. Si me fio de la interpretación catastrófica, creo que debería vender el décimo y gastar el dinero en cerveza. Por el contrario, si las tablas astronómicas tienen razón y al planeta le quedan 7.000 años por delante, estoy tardando en comprar una serie completa. Claro, todo esto, suponiendo que la vidente no tenga presbicia y haya confundido algún número.

Creo que me voy a quedar con el décimo por no hacerle un feo a Carlos. Si el día 22 amanecéis como cualquier otro y veis que a partir de entonces ya no escribo, ya sabréis quien estaba en lo cierto.