martes, 4 de diciembre de 2012

Ignoramos el poder y la capacidad que tenemos


El día a día de este país no proporciona ningún motivo para el optimismo, todo lo contrario. Vivimos indignados, cabreados, desilusionados, vencidos, entregados. Con una sensación de absoluta impotencia que nos lleva a un estado de profunda depresión.

Tenemos la certeza de que no hay salida para el agujero en el que estamos metidos y que, como si de un corolario de la Ley de Murphy se tratara, todo lo que es susceptible de empeorar, empeorará.

La generalización se ha hecho costumbre: somos un país de chorizos, los funcionarios son unos vagos, los políticos son todos iguales o los sindicalistas unos jetas. El pesimismo y el desprestigio como marca España. Pero dentro de este abatimiento en el andamos inmersos, existen algunos ejemplos de personas que nos proporcionan una pequeña esperanza, demostrando que otro modelo socio-económico es posible. Ahí van unos cuantos ejemplos que hemos podido ver en Salvados:

Paco Álvarez, ex presidente de la Bolsa de París, quien asegura que “es una guerra económica y la prima de riesgo son las armas”. Propone el Modelo del Bien Común, basado en el bienestar y la cooperación, frente al modelo actual, fundamentado en el lucro y la competitividad. Un sistema que beneficie a las empresas que actúen bajo los criterios de igualdad, solidaridad o democracia. Y sujetos a una serie de puntuaciones en función de diferentes parámetros el ciudadano sepa, en el momento de comprar, en qué medida esa empresa cumple con el Modelo del Bien Común.
  
Nuestro sistema educativo nos enseña que el único objetivo en esta vida es ganar dinero, cuanto más mejor. Paco Álvarez aboga por la aplicación de criterios cualitativos por encima de los cuantitativos.

La Cooperativa La Fagera es un buen ejemplo de lo que este economista propone. Nacida de la necesidad de un psicólogo (Cristóbal Colón) por proporcionar una vida mejor a sus pacientes y dignificarlos con el trabajo; se dedican a hacer yogures desde hace 20 años para proporcionar a esas personas una vida más digna y con la obligación social de ser una empresa rentable. El ejercicio pasado facturó 14 millones de euros, tienen casi 300 empleados, de los que 180 padecen algún tipo de discapacidad y donde el sueldo del que menos cobra únicamente se multiplica por seis con respecto al mejor pagado.

Raúl Burillo, inspector de Hacienda y ex Jefe del Servicio de Inspección en las Islas Baleares. Durante los seis años que estuvo al frente de esa unidad logró, junto con la fiscalía y la policía, destapar 30 casos de corrupción política y empresarial. Entre ellos el Palma Arena, una de cuyas piezas separadas afecta directamente a Iñaki Urdangarín. Burillo propone diferentes medidas y reclama medios para luchar contra el gran fraude fiscal. 

Vicente Ortiz, Jefe de Secretaria de la Obra Social Caixa Ontinyent, demuestra que una gestión responsable es posible. Desde el año 1976, cuando había 81 Cajas en España, hemos pasado a sólo 2 que tengan actividad financiera. Desde su fundación, en 1884, ha reinvertido sus beneficios en los pueblos donde está instalada. Las necesidades en los años ´80, donde la protección social era muy baja, fueron: centros de salud, escuelas infantiles o clubs de jubilados. Al día de hoy siguen funcionando siendo absolutamente rentables.

Santiago Vidal, juez. No tiene pelos en la lengua a la hora de decir que en España no existe separación de poderes, ya que el poder judicial está sometido a una gran influencia por el poder ejecutivo. Del mismo modo, ha denunciado la intromisión del Gobierno y la concesión de indultos, especialmente a políticos y banqueros,  sin ninguna justificación. Sorprende su pronóstico de que en un par de años España habrá cambiado su ley hipotecaria y se establecerá la dación en pago. 

Jorge Fabra, economista, dedicado durante 35 años al sector eléctrico, ex miembro de la Comisión Nacional de la Energía. Ha escrito numerosos artículos denunciando las prácticas abusivas de las eléctricas, aportando soluciones alternativas; como se puede comprobar en su libro: “Un mercado para la electricidad. ¿Liberación o regularización?”. 

No hace falta ser el más listo de la clase para darse cuenta de que este modelo no funciona, saber que tenemos la obligación de llevar a cabo una profunda transformación del sistema para salir del lío en el que andamos metidos. Resultará una tarea complicada, los políticos y los lobbies no están por la labor. Tenemos dos opciones: esperar sentados a que llegue nuestro turno o levantarnos y actuar. Ha llegado el momento de que dejen de subestimar el poder del pueblo.