lunes, 13 de agosto de 2012

El día y la noche


Los adjetivos están tan desgastados que deberíamos inventar otros. Definir a esta generación de jugadores hace tiempo que se convirtió en misión imposible. Aúnan tanta calidad, compromiso, inteligencia y competitividad que resultan irrepetibles.

El partido de ayer, igual que el de Pekín hace cuatro años, permanecerá en nuestra memoria para siempre. Fue una oda al baloncesto, y no hay mejor escenario que los Juegos Olímpicos para brindar semejante espectáculo. Volvieron a demostrar que están muy cerca de Estados Unidos, y sólo los pequeños detalles impidieron que España se hiciera con el oro.

Nadie estuvo tan cerca, fue un partido sin reservas, un encuentro para la historia del baloncesto, una obra de arte, una delicia. España se quedó con la rabia que se apodera de los ganadores cuando prueban el amargo sabor de la derrota. Salieron a competir, a disputar el partido, sabiendo que la empresa era complicada pero que ganar era posible. Cerca estuvieron, nadie como ellos creyó tanto en la victoria.

Terminaron los JJOO, como antes el Eurobasket o el Mundial. Los últimos años con una sonrisa en la boca, con el orgullo de pertenecer al colectivo que se dedica a esto. Felices, hasta que nos topamos de bruces con la dura realidad.

Unos cuantos equipos ACB sobreviven a duras penas, algún otro ha tenido que renunciar a la categoría, otro ha estado más fuera que dentro de la liga, los dos que ascendieron no pudieron materializar en los despachos lo que se ganaron en la cancha. Al final, uno de ellos logró la plaza del que tuvo que renunciar y el otro desapareció.

Si hablamos del baloncesto FEB el futuro es estremecedor, en LEB Oro sólo continúan ocho clubes de los dieciocho del año pasado. Finalmente la competición contará con 14 participantes.

La LEB plata es una auténtica incógnita, ahora seis equipos, luego doce, parece que quince. Todo indica que se quedará en diez o doce. Hay que esperar, se dice. Veremos.

En el baloncesto femenino el panorama no pinta mejor, con la desaparición de varios equipos en la máxima categoría, y como exponente la del Ros Casares meses después de que se proclamara campeón de Europa.

Los plazos de inscripción, que antes acaban a principios de julio, este verano tendrán como fecha “límite” el 13 de agosto, después de que haya habido varias prórrogas. Los salarios se han reducido drásticamente, unos cuantos equipos ficharán un único americano, al día de hoy varias plantillas están por construir, cuando años atrás tal día como hoy se empezaba la pretemporada. Así está la cosa.

Urge una reflexión conjunta que conduzca a una rápida actuación. Lo conseguido por la Selección española nos sitúan en el centro del universo, la prensa internacional se rinde ante el talento de los nuestros, pero en los pisos de abajo amenaza ruina. Hagamos algo por evitarlo antes de que sea tarde.