domingo, 17 de junio de 2012

Que el sueño continúe

Cierro los ojos y veo a Hollis, allí arriba, desde las últimas filas de la grada lo veo cruzar la cancha botando mientras levanta sus piernas alternativamente. Cierro los ojos y oigo al público gritar: "Torero, torero, torero". Veo las caras de la gente, felices, disfrutando, con una sonrisa en el rostro y en el alma. Ha sido otra tarde de gran baloncesto.

Como lo fueron otras muchas, cuando la fiebre amarilla cruzaba la península e inundaba Europa, cuando León volvió a reinar después de cientos de años gracias al baloncesto. Fueron días felices, de emoción, de nervios, tensión, buen juego, coraje, gritos, sonrisas y risas, algún que otro llanto; días para la instrucción y el conocimiento, para aprender y disfrutar. Para ver cómo las cristaleras se empañaban producto del calor que invadía el Palacio aunque fuera estuviéramos bajo cero. Días dichosos, de vino y rosas.

Por aquella cancha pasaron todos, vestidos con los colores de un bando o del otro. De blanco, de azulgrana, de verde o naranja. Campeones de liga, de Europa u olímpicos. Ídolos, mitos, viejas glorias y promesas, no faltó nadie por pisar aquel parqué. Aquello que empezó como un sueño se transformó en un sentimiento, en una pasión, en motivo de orgullo. Allí cupimos todos, participamos desde dentro y lo vivimos desde fuera. Una familia, cada uno con nuestras cosas, pero una familia al fin y al cabo.  

Después de estas líneas vuelvo a cerrar los ojos y los veo a todos: a Xavi, Corny, Reggie, los Herreras, Josines, Cherokee, Kazanowski, Schlegel, Anderson, Heras, De la Fuente, Crespo, Angulo, "Monchito" Raymond Brown, Sanguino, Coleman, Bernabé, Willy Villar.... Veo el color amarillo de la camiseta de Elosúa, el carmesí de la bandera de León, oigo el himno, recuerdo los torneos de Navidad, a Biriukov recogiendo un trofeo, a Fernando Martín en el Palacio, a Sabonis, Kurtinaitis, Homicius, Volkov y Tachenko.

Regresan a mi memoria los tiros libres de Xavi Fernández en el ascenso del destierro. Aquel viaje a Zaragoza con mi hermano Pablo Campos y con Carlos Martínez, las botellas de cava en la cabina de la Ser con Capetillo dando voces como si estuviera poseído, la carne de gallina, mis visitas al Palacio como rival, mi época junior de Elosúa, hasta donde me dejó llegar mi escaso talento. Josecho, Joaquín, Edu Torres, Oliete, Quino Salvo, Roberto Herreras, Pepe Estrada, Lisardo, De Grado, Sobrín, Jareño, Aranzana, Toni, Ramón Fernández. La época dorada de aquella cantera con Alfredo García a la cabeza, Ordín, Julio González, Bubi, Borja Pérez o Carlos Díaz.

El presente parece querer dejar atrás los buenos tiempos y el futuro se asoma obstinado con la intención de estrangular cualquier esperanza. Mientras, todos aquellos que nunca han dejado de animar, aplaudir, sonreír o llorar se agarran a la ilusión y al deseo de que cualquier tiempo pasado no haya sido mejor. Esperemos que así sea. Quiero cerrar los ojos y volver a ver a Essie Hollis.