miércoles, 4 de enero de 2012

Sin tiempo que perder


Estos días, con la que está cayendo, no resultan los mejores para retorcer las palabras. Muy pocos son los que se libran de la crisis, y el baloncesto hace tiempo que dejó de ser una excepción. Obvio resulta decir que el mundo entero y España en particular viven momentos complicados, son demasiadas las personas que pasan por aprietos y muchas las profesiones que se han visto afectadas, pero hoy toca hablar de baloncesto.

No es algo nuevo, desde hace unos años se viene hablando de las muchas dificultades que atraviesan los clubes, de cómo algunos desaparecen, de concursos de acreedores, de retrasos en los pagos y amenazas de huelga.

Urge una profunda reflexión sobre lo que pasa en el baloncesto nacional y en el FEB en particular. Es evidente que las ligas LEB se sitúan a años luz de la repercusión que tiene la Selección, pero no es menos cierto que desde hace muchos años se ha utilizado a los equipos FEB como simples elementos recaudatorios. Con un baúl repleto de obligaciones y vacío de derechos y beneficios.

Cánones desproporcionados, derechos de arbitraje alejados de la realidad y, en su mayoría, de la calidad de la competición. Propuestas arrojadas en un saco roto y alguna que otra insinuación cuando alguien se sale del redil.

Sin cobertura mediática, no por parte de las televisiones, es evidente que el producto no interesa, sino por parte de la propia Federación. Jornadas sin partidos televisados en su web, servidores que se cuelgan el día que hay alguno, narradores mudos y una baja calidad de retransmisión.

Avales que parecían buenos y luego no lo resultaron tanto, sin responsabilidad alguna ni ámparo  de ningún tipo para todos esos profesionales.
Al final, parece ser que poco importa con tal de tener otros 18 equipos la próxima temporada en LEB Oro y los que salgan en Plata; la EBA ni mencionarla.

Por otro lado, llama poderosamente la atención la irresponsabilidad que tienen algunos equipos que deciden formar parte de la competición y pasados cuatro meses no han pagado ni una sola mensualidad a gente que tiene la mala costumbre de comer y pagar sus recibos, profesionales sin convenio colectivo ni derecho al pataleo. Y como cada vez, llegado el final del curso, se recurre más al aval.
Al margen queda el desequilibrio entre los clubes que son sociedades anónimas y quienes no lo son, y la obligación de todos  ellos para utilizar la imaginación y buscar dinero más allá de las instituciones públicas.

Esta es la realidad, nos guste o no. Hay tiempo para solucionar este embrollo en el que andamos metidos, hace falta voluntad y capacidad. Disfrutamos de un producto atractivo y que gusta, pero no podemos pensar sólo en qué el lazo ponerle a la caja, debemos llenarla de sentido común.