jueves, 8 de noviembre de 2012

Ellos o nosotros


Hace tiempo que esto va mucho más allá de siglas. Hace mucho que esto va de otra cosa: de personas, de dignidad, futuro, educación, sanidad, bienestar, orgullo, solidaridad, honestidad o sensibilidad. Desde hace una época, esto va de ellos o nosotros. 

Pretenden que comulguemos con ruedas de molino, intentan hacernos creer que somos imbéciles y se empecinan en seguir manipulándonos. Recortando nuestros derechos y aumentando los suyos. Nos hacen pagar una factura que no hemos generado mientras les oímos decir que es por nuestro bien.

Tenemos que soportar esa patraña después de ver cómo se han fundido la pasta haciendo aeropuertos donde no aterrizó nadie, tolerar la indecencia de los ERE de Andalucía, del caso Gürtel, el escándalo de Bankia, la execrable utilización de los muertos (por el motivo que sea) a conveniencia política, la inexistente asunción de responsabilidades o los indultos a los banqueros.

Ahora que se les ha terminado el chollo del ladrillo admitimos que hagan negocio con nuestra salud, que privaticen hospitales públicos, donde el coste es entre cuatro o cinco veces superior y los gastos de gestión se multiplican por tres. Que cierren el hospital de la Princesa o como en Canarias, donde clausuran la única unidad pediátrica de cirugía cardiaca que hay en las islas. 

Poco importa si hay casi 6 millones de personas que no encuentran trabajo, si se deja a familias enteras en la calle porque no tienen dinero para pagar la hipoteca, qué más da que alguno se suicide por ello. Uno menos. Lo que toca es rescatar a los bancos, aquellos que con su insaciable codicia nos han metido en un fango del que tardaremos mucho tiempo en salir. 

Siete leyes orgánicas han regulado la enseñanza desde la democracia, lo primero que hace cada uno al llegar al poder es implantar la suya y terminar con la anterior. Y así estamos. Ahora con el IVA en cultura al 21%, con la posibilidad de tener un 20% más de alumnos por clase, con menos profesores y, los que hay, cada vez más desbordados, peor pagados y menos respetados. 

Nos han hecho pensar que los malos son los antidisturbios. Y a éstos que la enfurecida turba antisistema, plagada de perroflautas con niños a los hombros o con cachas que soportan el peso de muchos años de lucha para conseguir lo que hasta hace unos meses teníamos, son los que van a terminar con la democracia y perpetrar un golpe de estado.

Mientras, se siguen descojonando de nosotros, los diputados “pierden” los Ipad en la habitación de algún hijo o nieto, los senadores hicieron 18.000 llamadas a líneas 902 y enviaron 16.000 SMS “Premium” (concursos, juegos, etc).

Entre tanto, nosotros tirando cada uno hacia un  lado, mirando nuestro propio ombligo. Porque en la sanidad no es lo mismo un médico que una enfermera o un celador. Como en educación, donde un profesor o un maestro tiene mucha más categoría que un conserje. Y así hasta el infinito. Esa equivocada conciencia de clase. Ese: “mientras a mi no me toque…”

De momento ganan ellos, cuando no tengamos nada que perder ganaremos nosotros.

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