lunes, 29 de octubre de 2012

La ACB y TVE


El trato que TVE le da al baloncesto es digno de un estudio pormenorizado del mismísimo Iker Jiménez. Cada día que pasa uno tiene la sensación de que el agravio al producto fuera intencionado, porque si no es imposible comprender tanta incompetencia.  

El sábado pasado terminó de consumarse el cúmulo de despropósitos por parte de la televisión pública. Para las 18.00 horas estaba programado en Teledeporte el partido Estudiantes-Valencia, en aquel momento tercero y segundo de la clasificación respectivamente. La emisión del mismo no empezó hasta la segunda mitad cuando terminó el partido de tenis que estaba disputando David Ferrer. Una vez más, falta de previsión y de capacidad de reacción. 

Este sólo ha sido el último ejemplo, pero si se analizan diferentes circunstancias uno entiende el porqué de las bajas audiencias. El lugar que ocupa la ACB en los informativos tiene un valor residual, llenando muy poco tiempo dentro del espacio de deportes y siendo, en muchas ocasiones, la última noticia del mismo. La promoción semanal de los partidos que se emiten durante el fin de semana es nula. Absolutamente nada que ver a cuando TVE tenía los derechos del motociclismo, parecía no existir otro deporte en la tierra. 

El producto se vende de modo poco atractivo, el grafismo de este año está diseñado para que no se entienda nada, el narrador y los comentaristas trabajan desde un plató y a veces no saben lo que ocurre en el campo. Las previas, o no exiten o son insustanciales, el sonido ambiente está modulado tan bajo que desde el sillón de tu casa pareces estar en la ópera, la única persona que está en el campo tiene básicos conocimientos de la materia y se entera de poco de lo que ocurre, la realización no engancha, las entrevistas son insípidas y no se busca reclamo alguno que estimule al televidente. 

Alguno puede pensar que la ACB cedió de manera gratuita a TVE los derechos de retransmisión y por eso no pone mucho interés en el asunto. Pues no, después de unas largas negociaciones se llegó a un acuerdo de renovación a la baja por el cual el ente pagará 2.5 millones de euros al año; más espacios publicitarios que pueden reportar a la ACB unos beneficios estimados de entre 4 y 7 millones euros anuales.

Las audiencias continúan por los suelos y el futuro no presenta mejores perspectivas mientras el ninguneo continúe. Ayer por la noche nos quedamos a una prórroga de saber qué hubiera pasado si el partido entre el Real Madrid y el Caja Laboral hubiera pisado el espacio del Telediario. Creo que existen pocas dudas.

viernes, 26 de octubre de 2012

Ya lo dijo Terminator


Este país está abierto en canal, se desangra y no hay quien lo arregle. Y como si de un corolario de Murphy se tratara, todo lo que está mal es susceptible de empeorar. Paro, hambre, pobreza, comedores sociales abarrotados, desahucios, suicidios, manifestaciones, hostias a mansalva para que la próxima vez te pienses dos veces eso de salir a la calle, cada vez menos educación y peor sanidad. Mañana menos futuro. 

Cada día más de lo mismo, cada día un poco peor, y ya es difícil. Cada vez son menos los que tienen más y muchos más los que tenemos menos. Resulta acojonante pensar que 100, 500, 1.000 ó 5.000 personas dominen el planeta; acojonante. Más aún que no tengan escrúpulos, que les dé igual que la gente se muera de hambre, que no tengan qué comer ni dónde dormir. 

Este país de desangra y Europa con él, y el mundo. Los que hoy gozan de la salud que nosotros tuvimos en otra época vendrán detrás, al tiempo. La codicia gobierna el globo. La falta de escrúpulos, la doble moral, la desvergüenza, la impunidad para el poderoso, las injusticias con los débiles, la opresión disfrazada de libertad. Esa es la vida que vivimos, la que tenemos. 

Políticos corruptos nombrados doctores honoris causa, dinero público dilapidado con absoluta impunidad, la justicia politizada, las cajas dirigidas por políticos, los políticos dominados por la lobbycracia y mientras, los de a pie sin conciencia de clase. O quizás sí, pero con una conciencia distorsionada.  

Como escribió el comediógrafo latino Tito Macio Plauto en su obra Asinaria 200 años antes de Cristo (manda huevos), “Lupus est homo homini”. Somos la mayor amenaza para la vida en la tierra y para la supervivencia de nuestra propia especie. Ya lo dijo otro gran filósofo llamado Terminator: “No hay esperanza para la raza humana”. 

Perdón por el pesimismo.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Lo que todo el mundo sabe y nadie cuenta




Lo que a continuación voy a contar se habla en los corrillos, en conversaciones privadas. Alguna vez, con cierta y justificada impotencia, alguno levanta la voz; pero no va más allá. Así son las cosas, es como funciona este asunto. Mientras, la mayoría de los que tienen capacidad para hacer que esto se sepa miran hacia otro lado. Es mejor reír las gracias, tener pases VIP, mesa de vez en cuando en algún buen restaurante y evitar conflictos.

El canon de participación en las competiciones FEB es un dinero que abona cada club a la Federación por participar en la correspondiente competición, es un dinero entregado a fondo perdido. Por el contrario, el aval que depositan los equipos sirve para que los jugadores y cuerpo técnico estén protegidos ante posibles impagos.

Esto dice la teoría en el último supuesto, la realidad es otra. A lo largo de la historia de las competiciones FEB ha habido muchos clubes que han sufrido retrasos en los pagos pero que finalmente se han puesto al día con sus empleados. No se puede decir lo mismo de otros tantos que, en muchas ocasiones y en casos no tan lejanos en el tiempo, ni tan siquiera han pagado la primera mensualidad.

Esto tiene varias lecturas, la primera es pensar cómo a un equipo se le ocurre salir a competir cuando no es capaz de hacer frente a la primera nómina. Lo que implica diferentes circunstancias. Los jugadores y cuerpo técnico saben con certeza que, si la temporada comienza de este modo, difícilmente van a ver un euro en lo que resta de ejercicio. Con lo que eso supone, hacer frente a los gastos que cada cual tenga, además de comer, que el personal es muy caprichoso.

Las relaciones se deterioran y el clima se enrarece. Y siempre le asalta a uno la misma duda, si no entrenamos nos llaman mercenarios por reclamar lo que es nuestro; además perdemos la forma. Y si entrenamos somos imbéciles. Y al final qué pasa, pues que se entrena como se puede y se juega con hambre y el orgullo herido. Y todavía hay que oír a alguno decir: “No ves cómo ganan partidos sin cobrar. Es mejor no pagarles”.

A todo esto se van haciendo las cuentas de la vieja. ¿Cuánto era el aval que no lo recuerdo?. Bien, pues tenemos que sumar lo que cobramos cada uno para ver si nos llega. Esto los jugadores, puesto que el cuerpo técnico cobra una vez satisfecha la deuda con los primeros. Con lo cual, en muchos casos se quedan a verlas venir. Una temporada completa trabajando para el maestro armero.

Mientras, la Federación mira hacia otro lado. Es un problema de cada uno y allá cada cual con lo suyo. Los clubes reclaman una bajada del canon que les asfixia, y la FEB decide reducir el aval y mantener el canon de participación. Es decir, dejamos aún más desprotegidos a los protagonistas de la historia pero nosotros seguimos recaudando lo mismo, que al fin y al cabo es lo importante. Que tenemos muchos gastos.

A los clubes conseguir un aval, independientemente de la cantidad, les cuesta más o menos el mismo esfuerzo. Además, ya se encargarán ellos de estar al corriente de pago por la cuenta que les trae. Sin embargo, entregar un dinero a fondo perdido supone un enorme esfuerzo.

La FEB no es responsable de la falta de seriedad, profesionalidad y compromiso de algunos clubes. Pero sí lo es de no supervisar y no proteger a los profesionales que dan prestigio a sus competiciones.

martes, 2 de octubre de 2012

No hay peor ciego que el no quiere ver


El viernes pasado no salía de mi asombro mientras leía la columna de Juan Mora en el As. Hablaba sobre la buena salud de la que goza el baloncesto español, donde la crisis parece no haber tenido cabida.

Hay varias frases que resultan llamativas, pero especialmente destaca esta: “desde que José Luis Sáez está al frente de la Federación todo son buenas noticias. Algo tendrá que ver en ello este hombre. Hasta la crisis no parece ir con él, y consiguientemente tampoco con el baloncesto”.

Nadie en su sano juicio puede negar los éxitos de la selección absoluta, del mismo modo que, nadie que esté en sus cabales puede negar que la crisis que sufre el baloncesto español sea galopante.

Si hablamos de la ACB, sólo hay que fijarse en el éxodo masivo de las grandes estrellas. Siete de los diez jugadores más valorados de la temporada pasada se han ido de nuestro país. Antes la amenaza sólo venía de la NBA, ahora Rusia y Turquía son otros de los destinos.

Pero si hacemos referencia al baloncesto que cita Juan Mora, el de la FEB, el panorama es absolutamente desolador. En la temporada 2007/08 había tres divisiones prácticamente profesionales en su totalidad (LEB Oro, Plata  y Bronce) con un total de 53 equipos, lo que suponía trabajo para unos 530 jugadores, además de otros 100 ó 125 profesionales entre entrenadores, ayudantes de entrenador, fisioterapeutas o preparadores físicos.

Al día de hoy, la LEB Bronce hace años que no existe, la LEB Plata subsiste como buenamente puede (11 equipos) y la LEB Oro se ha visto afectada de lleno por la desaparición de clubes históricos, formando finalmente una liga de 14 equipos. Cuando desde la temporada 2003/04 la conformaban 18.

Si hablamos de los salarios que perciben muchos de los jugadores y entrenadores en comparación con temporadas anteriores, han sufrido reducciones más que considerables, tanto en las cantidades percibidas como en el tiempo trabajado, puesto que la competición se ha acortado.

En otro momento podremos debatir sobre si era un modelo sostenible, sobre si suponían demasiados equipos profesionales o sobre si los sueldos eran elevados o se ajustaban al mercado. Pero sobre lo que no hay discusión alguna es sobre el hecho de que el baloncesto FEB está atravesando su peor momento. Los números no mienten.

Los ayuntamientos y diputaciones, principales sponsors, han cerrado el grifo. Las empresas privadas hace tiempo que se olvidaron de patrocinar equipos, mientras no exista una ley de mecenazgo en condiciones pensar en un padrinazgo privado resultará una quimera.

Los clubes se ven asfixiados por el canon, la ficha federativa de los jugadores no comunitarios (no Cotonou) o las cuotas de arbitraje. A cambio, los acuerdos publicitarios que consigue la FEB (unos cuantos –como el que da nombre a las ligas- y realmente buenos, una de las grandes gestiones del presidente) no repercuten de ningún modo en los equipos.

Y poco a poco la segunda y la tercera división de nuestro baloncesto, que vivieron grandes épocas, van languideciendo hasta que no les quede aliento. Si no se remedia antes, pinta no tiene.