jueves, 12 de julio de 2012

Estoy hasta los huevos


A mi me pasa como a los mineros, no estoy indignado, estoy hasta los huevos. De oír una y otra vez que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, de los políticos corruptos que, en lugar de acabar en la cárcel, terminan en el consejo de administración de una caja de ahorros la cual saquean hasta que languidece y de la que se jubilan a los cincuenta y pico mientras se llevan una indemnización millonaria para dejar a los pequeños ahorradores con el miedo en el cuerpo, al borde del abismo y los ojos vidriosos cargados de impotencia y rabia.

Hasta los huevos de que una crisis que es de la banca nos la imputen a los ciudadanos, de que se rescate al capital y se abandone a las personas, del todo vale para los que más tienen y ostentan el poder, de que siempre tengamos que hacer sacrificios los mismos, de que se beneficie a los defraudadores, de la hipocresía, las prebendas y beneficios de la Iglesia, de que no se grave a las grandes fortunas y se persiga a los funcionarios (maestros, médicos, policias, bomberos, administrativos...) como si fueran unos bandoleros.

Hasta los huevos de que no se fusionen ayuntamientos y no se eliminen las diputaciones, de que no se reduzca la administración pública y no se graven "como Dios manda" los yates, los helicópteros, aviones privados y los vehículos de lujo, de que no se eliminen los cargos de libre designación y se supriman centenares de coches oficiales.

De que suban el IVA y machaquen a los autónomos, ganaderos, pequeños comerciantes o agricultores, de la barra libre para los tramposos, de que no le reduzcan el presupuesto a la Corona, de que en Italia la ministra de trabajo llore al anunciar las medidas y aquí aplaudan, vitoreen y se descojonen, de que traten a todos los parados como unos vagos, de los que cobran de la administración dieciséis sueldos, de que aquí paguemos como en Europa y cobremos como en el tercer mundo.

Hasta los huevos de los recortes en educación y sanidad, de que las transacciones financieras en España estén exentas de IVA, de los trajes, de los ERE, de las mentiras, los saqueos y los engaños, de las agencias de calificación, de la prima y los mercados, de la mentira alemana, del miedo y la sumisión, de que digan que les quitan la paga extra de Navidad a los diputados y sea mentira, de la manipulación, de Urdangarín, de los unos y los otros.

Hasta los huevos de que haya que trabajar 40 años para tener una jubilación y a los diputados les baste con ocho y cobrando mucho más que cualquier ciudadano, de los sueldos vitalicios a los expresidentes, de los exministros que entran como asesores en las grandes empresas, de los retratos de los expresidentes del Congreso, de las pelotas de goma y la hostia limpia, de los mediocres, de la falta de esperanza, de que nos demos por vencidos, de los fanatismos y la desigualdad.

Estoy hasta los huevos de todo esto y de mucho más, pero me resisto a dejar de creer en una sociedad justa, donde no estén permanentemente con el pie encima de nuestro cuello y donde el bienestar esté al alcance de todos, no sólo de unos pocos. Desde luego, si hay alguien que pueda lograr eso somos nosotros.

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