sábado, 3 de marzo de 2012

Recuerdos imborrables

Su voz cada vez sonaba más lejana, mientras yo, sin atreverme a mirar hacia atrás, me agarraba al manillar temiendo lo peor. Hacia unos cuantos segundos que el miedo había invadido mi cuerpo, y por primera vez entendí lo que significaba obviar la certeza.

Detrás ya no había nadie, mejor dicho, él seguía allí, pero cada vez más lejos. Minutos antes le había pedido con voz temblorosa que no me soltara, él me aseguró que no lo haría, que estuviera tranquilo. El temor y la inocencia me invitaron a pensar que aquello era cierto, nada más lejos de la realidad.

Armándome de valor conseguí volver la vista atrás, pude ver una sonrisa de satisfacción en su rostro mientras me saludaba, estaba de pie en aquella soleada mañana de domingo junto a su amigo Solano, que celebraba del mismo modo que mi padre la hazaña de aquel mocoso de seis años.

Sin apenas tiempo para reaccionar volví a mirar al frente, en ese momento cientos de pensamientos inundaron mi cabeza: “Sabía que me iba a soltar” “No teníamos que haber quitado los patines” “Me voy a caer” “Voy a pillar a aquella señora del bastón”…..hasta que la alegría dejó a un lado el miedo y la satisfacción se convirtió en mi única compañera de viaje.

Dicen que uno nunca se olvida de andar en bicicleta, del mismo modo que hay recuerdos que, por muchos años que pasen, siempre permanecen en un lugar especial de nuestra memoria.


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