martes, 6 de septiembre de 2011

La duda ofende


Somos un país muy dado a las exageraciones, tan pronto nos instalamos en el pesimismo como hacemos de la euforia nuestro hábitat natural. Hemos pasado de tener un cierto complejo de inferioridad a sentirnos superiores a la inmensa mayoría. Nuestro nivel de exigencia roza la intransigencia. Nos permitimos el lujo de opinar sin los argumentos y conocimientos necesarios.

Es algo sustancial en nuestro modo de ser, como los toros, la paella, los domingos de fútbol o el tinto de verano.

De un tiempo a esta parte nos hemos convertido en una referencia a nivel mundial en cuanto a deporte se refiere. Ganamos en muy diferentes disciplinas, cada fin de semana nuestros deportistas nos proporcionan multitud de alegrías, tenemos referencias a nivel mundial, pero, en el momento del fallo, no mostramos el más mínimo atisbo de comprensión o empatía.

La selección española de baloncesto ha supuesto el ejemplo perfecto. Hace un par de días, en un extraordinario partido contra Lituania (especialmente durante los primeros dos cuartos), los halagos corrían por las redes sociales, llenaban informativos y ocupaban portadas de periódicos. Ayer, tras el nefasto último cuarto contra Turquía (subcampeón mundial), la alabanza se convirtió en desprecio.

Es cierto que, probablemente tengamos la mejor selección de todos los tiempos. Talento por arrobas, capacidad atlética, conocimiento del juego, experiencia y juventud. Seguramente nuestro mejor nivel sea superior al de cualquier otro equipo de este europeo, pero existen selecciones de primera categoría que están muy cerca de nosotros.  
Hoy se oye que Ricky Rubio está acabado (con 20 años), que es un invento mediático. Que Calderón es un pasota y hace años que no rinde al nivel esperado (habrá que repasar el primer tiempo contra Lituania), que a Felipe se le pasó el arroz, que Llull es una cabra loca y que Pau va al 50% y no defiende el bloqueo directo central. ¡Hay que joderse!

Así estamos, desquiciados porque una docena de niñatos que se han creído los mejores y se han aburguesado. Con una ausencia de compromiso insultante, defendiendo sólo cuando quieren y, además, dirigidos por un incapaz que lo único que hace es limitar su libertad de juego y encorsetar su talento. No resulta Scariolo uno de mis favoritos, pero ya empató con unos cuantos como para tener que pasar un examen diario.

Nos hicieron campeones del Mundo, de Europa y subcampeones Olímpicos. Nos han hecho disfrutar, sentir orgullosos, ser una referencia a nivel mundial y convertirnos en el enemigo a batir.
Desconfiar de su compromiso no es justo, poner en cuestión su talento es una ofensa a la inteligencia y al sentido común. Por eso, yo, me he prometido no volver a dudar.