lunes, 13 de junio de 2011

Justicia poética


No sigo mucho la NBA, los partidos se me hacen interminables, y a esas horas los párpados deberían estar sujetos por pegamento para evitar que se cerrasen. Tampoco me gusta el exceso de individualismo ni la simulación defensiva que realizan muchos equipos durante la temporada regular.

Ni mucho menos soy de aquellos que dicen que no es baloncesto puro como el que se practica en Europa, quizás tenga razón mi amigo el de los salmones (¡qué de tiempo sin citarte!) y todo cambie si se ve con el horario de la costa este y con una Samuel Adams bien fría que refresque el gaznate.

Hubo una época en la que Bird, Isiah Thomas y Magic me robaron muchas horas de sueño, la culpa también la tuvo Trecet y su famoso: “Cerca de la estrellas”, toda la semana esperando escuchar el Faith de George Michael que daba paso al espectáculo. Los ´80 estaban dando sus últimos coletazos y aquel programa nos abría una ventana a un mundo que, hasta entonces, solamente habíamos conocido gracias a Gigantes.

Hace unas semanas, sentado en una butaca del Toyota Center, mientras presenciaba un Rockets-Spurs, recordaba que no veía un partido completo desde aquella época. En más de una ocasión un tiempo muerto me echó del sofá a la cama y en otras muchas ni tan siquiera hubo tiempo de que aquello ocurriera.

Ahora, que por diferentes motivos mi vida se va acercando cada día un poco más al continente americano, los Dallas Mavericks me han hecho recuperar la ilusión por el juego NBA. El baloncesto, como la vida, no siempre es justo con quien lo merece, por eso, cuando suceden acontecimientos como el de anoche uno siente que existe una cierta justicia poética.

Para Nowitzki y Kidd parecían quedar lejos los días de gloria, nadie contaba con ellos al inicio de la temporada, Lakers, Spurs, Celtics y, por supuesto, Heat se hacían con el cartel de favoritos. Estos últimos habían logrado reunir a tres grandes estrellas como Wade, Bosh y James, después de que este último protagonizara una polémica y estrambótica salida de Cleveland.

Afortunadamente, el juego colectivo de los Mavs les ha dado la victoria frente a las individualidades de Miami. Para Kidd y Nowitzki se cierra un círculo, el primero se proclama por primera vez campeón de la NBA con el equipo que le eligió en la primera ronda del draft allá por el año ´94. El alemán hace lo propio tras haber sido fiel a la franquicia tejana durante los últimos 12 años, tantos como los que lleva en la liga americana.

Por el contrario, en la soleada Miami, el astro rey no hará acto de presencia en las próximas semanas. Muchos son los que se alegran de la victoria de Dallas, pero hay tantos o más que disfrutan del fracaso de los Heat. Lebron James, al que Pippen llegó a situar al mismo nivel de Michael Jordan, (¿qué se habría tomado para hacer tal afirmación?) tendrá que esperar para hacerse con un anillo.

Mientras, el baloncesto nos ha devuelto una época casi olvidada. Si esto continúa así, prometo ver más partidos de la NBA.