jueves, 27 de enero de 2011

La eterna sonrisa


Ultimamente no me sobra el tiempo, más bien ando un poco escaso, entre el que debo ocupar en estas obligaciones que me he impuesto y el que desperdicio entreteniéndome con asuntos triviales, los días se esfuman sin enterarme. Tanto es así que, por más que han llegado a mi mente temas con los que enredarme a la vera de un teclado, no he visto el momento ni la oportunidad.

Pero como me tengo por un tío de palabra, al menos lo intento, debo cumplir con una obligación adquirida durante una reunión de amigos celebrada en el día de hoy. Los allí presentes, periodistas los más, aficionados al deporte todos, debatíamos indignados sobre lo acontecido en los últimos meses en la Cultural y Deportiva Leonesa.

Debo decir que, el fútbol siempre me la ha traído al pairo. Nunca he sido un forofo, más allá de los Madrid-Barça y los partidos de la selección en los cuales haya algo importante en juego, desconozco el 85% de los nombres de los futbolistas de primera. Por lo tanto, podéis entender que la Cultural no supone una excepción dentro de mi extraordinaria incultura balompédica.

Dicho lo cual, no puedo por ello dejar de sentir vergüenza por lo vivido durante las últimas semanas dentro del seno del club más antiguo y, durante mucho tiempo, más representativo de la ciudad.

No voy a entrar en la gestión de quienes tienen la mayoría de las acciones de la entidad, resulta evidente que se califica por sí misma. Ignoro si va a llegar un jeque con un pilón de petrodólares para salvar in extremis lo irremediable o si 87 años de historia se deslizarán por los colectores de la indecencia. Para mi, todo ésto tiene una importancia relativa, existen mayores preocupaciones en mi vida, será porque el fútbol me motiva lo justo.

Lo que si me motiva, me indigna, me irrita, me encoleriza y me encabrona, son las injusticias. Y la cometida con Diego Calzado es una de esas. Tuve el privilegio de conocer a Diego hace unas semanas, compartimos mesa y mantel, además de una buena conversación. Descubrí que es un apasionado del baloncesto, que conoce sobradamente en qué consiste el juego y que tiene más noticias que yo de muchos jugadores de la NBA.

Al margen de ésto, comprendí que es un buen tipo, de los de sonrisa fácil y sincera, de los que siempre tienen un buen gesto, aquellos a los que el corazón les guía y la buena educación les proporciona la palabra adecuada. Alguien de fiar, aquel del que te sentirías orgulloso siendo su amigo.

Todos sabemos que el deporte profesional tiene estas cosas, los resultados mandan y la ignorancia y los intereses deciden. Así ha sido siempre y así seguirá siendo, mientras tanto la cuerda continúa rompiéndose por el extremo más débil.

Son algunas las decenas de preguntas que se amontonan en mi cabeza, ¿cómo es posible que un club que debe cuatro meses a sus jugadores, se permita el lujo de despedir a tres de ellos, con el pretexto de fichar, sin haber puesto al día a ningún miembro de la plantilla? ¿cómo se sentirán los jugadores después de desconvocar una huelga que hubiera situado al club al borde de la desaparición? ¿qué pensarán ahora, esta situación les llevará a tomar una medida de fuerza o por el contrario seguirán el dictado de aquella frase que se acuñó a Beltor Brecht?

Desgraciadamente, Diego no formará parte del cónclave que tome esas decisiones, mientras tanto seguirá mirando a la vida de frente, con una sonrisa en su rostro y sabiendo que a la buena gente la vida siempre les recompensa.