lunes, 9 de mayo de 2011

El mito deja paso a la leyenda


Nadie podía pensar cuando Severiano Ballesteros se colaba furtivamente en las noches de luna llena en el campo de golf de Pedreña, que aquel chico de origen humilde revolucionaría años más tarde un deporte que por entonces languidecía.

Cuentan que segar los campos con la guadaña le ayudó en su swing, quizás tener que sacar el abono de las vacas, ir a buscar la leche o limpiar los domingos los zapatos de sus hermanos mayores fueron aspectos que forjaron su carácter.

Probablemente su imaginación se disparaba aquellos días en los que jugaba al golf en la playa, después de hacer un hoyo con una lata de tomate y colocar un palo y un pañuelo a modo de bandera. Acaso allí realizó golpes imposibles con aquel hierro 3 que le había regalado su hermano Manuel y dibujó trayectorias que únicamente están al alcance de los genios, como aquella vez en el Open Británico de 1979 cuando buscó intencionadamente el aparcamiento en el Royal Lytham.

En aquel lugar nació el mito, los británicos hicieron de él algo propio y lo aceptaron como uno más. Su trascendencia excedió de lo hasta entonces conocido; se llegaron a quebrar las normas de la Ryder Cup para incluir a un jugador del continente europeo. Su pasión, su geniales golpes, su carácter indómito y su carismática sonrisa hicieron de aquel chico de Pedreña un mago del golf.

Continuó rompiendo barreras, se convirtió en el primer europeo en ganar el Master y, probablemente, en el único jugador que, tras ganarlo, se haya llevado la mítica chaqueta verde a su casa. Revolucionó la Ryder Cup e hizo de ella el torneo más importante del mundo, logrando que en 1997 saliera por primera vez de las islas británicas.

Más allá de sus 87 títulos, el premio Príncipe de Asturias, pertenecer al salón de la fama del golf o ser el único español que ha ocupado la portada de la revista más importante del mundo del deporte (Sports Illustrated), se sitúa la trascendencia que Ballesteros ha tenido en el deporte español. Cuando en otros casos, deportistas como Nieto o Santana veían limitada su repercusión al panorama nacional, Seve barría las fronteras de los mapas, acaparaba elogios a nivel mundial y resucitaba un deporte que estaba agonizando.

Hoy, el mundo del deporte llora su muerte, todos lamentamos el vacío que nos deja su precipitada marcha. En nuestra memoria quedarán para siempre sus inigualables gestas, su extraordinaria facilidad para hacer lo que otros ni tan siquiera podemos imaginar, su carácter y su sonrisa. El mito ha dado paso a la leyenda.

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