jueves, 23 de diciembre de 2010

La creación como pretexto, la codicia como argumento


Algunos lo sabemos, otros disfrutan viviendo en la ignorancia, pero tanto los unos como los otros estamos siendo manipulados constantemente. Nos manejan como a muñecos de guiñol, desde arriba mueven los hilos a su antojo, ahora hacia este lado, al cabo de un segundo te arrodillas, ahora quieren que pienses ésto, luego consiguen que te creas feliz y, al final del todo, pretenden que nos creamos independientes, libres. Ese es el verdadero quid, así no habrá revoluciones, porque nadie se sentirá sometido.

Hace mucho tiempo que los medios de información dejaron de ser independientes, movidos por intereses económicos moldean o manipulan la información a su antojo. La manada, a gusto en el redil, no reflexiona, no se cuestiona según que cosas, simplemente escucha y asiente, mientras, los mensajes subliminales van calando en nuestro cerebro.

Desde la aparición de internet hace unos años, y más recientemente desde su extraordinaria expansión, hay ciertas reglas del juego que han cambiado. La capacidad para interactuar con cualquier persona de este planeta, cualquiera sea su ubicación, nos ha proporcionado infinidad de posibilidades a pesar de conseguir que el mundo sea mucho más pequeño.

Las posibilidades son infinitas, ni tan siquiera hace un lustro podíamos imaginar algo semejante. Ahora no basta con saber leer y escribir para no ser considerado un analfabeto, hay que poseer unos ciertos conocimientos sobre informática e internet.

Por eso, cuando estos días se ha hablado tanto de la famosa y afortunadamente tumbada Ley Sinde (que no sólo recibe este nombre por la Ministra de Cultura, sino que, es un apócope de "sin descargas"), a uno se le pone la piel de gallina cuando piensa en el inicio de tanta prohibición.

Resulta evidente que la propiedad intelectual debe ser protegida, pero la inagotable codicia de productoras y compositores supera los límites de la decencia. No basta con el constante abuso al que nos somete la SGAE, que cualquier día de estos denunciará a alguno que vaya silbando por la calle, ni con el canon digital, ahora quieren poner puertas al campo y empezar a sesgar nuestra libertad con semejante pretexto.

Obvio resulta decir que algo debe cambiar en nuestro país, España es el segundo estado del mundo en el que mayor número de descargas ilegales se producen después del Korea del Sur. Pero alguien debería de pararse a pensar que, si se fijaran unos precios mucho más razonables, como sucede en otros muchos países, es probable que bajáramos unos cuantos peldaños en este ranking.

Después, cuando oigo o leo a alguno de estos autores intelectuales, se me revuelven las tripas con sus razonamientos, tras los cuales tratan de ocultar una avaricia que parece resultar patógena. En unas recientes declaraciones, Alejandro Sanz se despachó a gusto, llamó "cobardes e hipócritas" a la clase política, dijo que en este país, en el que él nació y no paga impuestos, "se protege al pirata y al proxeneta de las canciones robadas", llamando a esos mismos "talibanes de internet".

Voy a evitar ponerle ningún calificativo al intelectual, porque ya queda retratado con semejante comportamiento. Creo que todos los españoles estamos de acuerdo en que hay que proteger la creación, pero todo dentro de lo razonable. Al paso que nos llevan Teddy Bautista, Ramoncín y sus secuaces, van a lo lograr, no sólo que no queramos que se proteja al creador, sino que lo aborrezcamos.