jueves, 9 de diciembre de 2010

El bueno y el malo


Apenas tienen un año de diferencia, profesionalmente han tenido vidas paralelas, pero personalmente, a pesar de haber compartido tantas experiencias, su devenir no ha podido resultar más divergente. Uno se convirtió en el paradigma de cualquier niño que quisiera jugar al fútbol, el otro, en el ejemplo de como desperdiciar un talento infinito.

El primero nunca dio motivos para la polémica. Ya se encargaban los demás de meterle en todos los charcos, casi siempre salió airoso y fue rara la vez que alguien tuvo que darle una toalla para que se secara. Al otro, la controversia siempre le ha gustado tanto como la noche. Con ese aspecto de niño pijo insatisfecho, rebelde, con un punto de macarra e insolente, su talento futbolístico siempre salió a su rescate.

Ese mismo que sirvió tantas veces para justificar su inexplicable conducta: "Los genios son así. Tienen estas cosas". La frase se las trae. Escrita y pronunciada por periodistas, compañeros, directivos y aficionados. Y yo mientras pensado: ¡Qué putada ser un genio! Ni un ápice de envidia, si acaso de lástima. La que me produce que alguien con semejante don, tan sólo sea capaz de comportarse como toca en un campo, y no siempre.

Fue alguien muy importante en el fútbol, pero pudo ser mucho más. Desgraciadamente, el deporte está lleno de ejemplos de multitud de jugadores que pudieron llegar más lejos y a los que su mala cabeza les llevó por el camino más tortuoso. Aún así, la suerte de Guti ha sido infinita comparada con la de la mayoría de esos casos.

Odiado y querido por el Bernabeú a partes iguales. Incluso, aquellos que habían reprochado el inapropiado proceder de un profesional, se deshacían en elogios al domingo siguiente cuando dibujaba un pase imposible, ejecutaba un regate de dibujos animados o marcaba un gol que daba la vuelta a un marcador que se había vuelto peligroso.

Luego, tenía la rara virtud de estropearlo en muchas ocasiones, no todas, con alguna declaración fuera de tono o con un comportamiento inadmisible en una noche de farra. Al él siempre pareció importarle poco cómo reaccionaran los demás. En contadas ocasiones se arrepintió de un comentario insolente y casi siempre encontró justificación para una actitud reprochable.

Hace un par de días volvió a ser noticia, no por haber marcado un gol decisivo, sino por protagonizar un espectáculo lamentable en las calles de Estambul. Desconozco si su tasa de alcohol era de 2,71 como se ha dicho en algunos medios, creo que no se hubiera mantenido en pie de ser así. Pero sí destapó sus vergüenzas con un comportamiento más propio de macarra de barrio que de deportista profesional.

Dice que bebió lo normal, claro que, deberíamos averiguar lo que resulta normal para Guti. Y que las calles allí son muy estrechas. Mira que muchos le habían dicho que se fuera a jugar a Los Angeles.

Los dos salieron por la puerta de atrás del Real Madrid, ninguno recibió el homenaje que merecía a tenor de los méritos deportivos mostrados en ese club. Esa debió de ser la última circunstancia común que compartieran a nivel deportivo. Mientras uno vive perseguido por la polémica, el otro, el bueno de verdad, continúa silencioso su camino.