lunes, 22 de noviembre de 2010

Palabras huecas


Hay palabras que el paso del tiempo modifica, otras, en cambio, no soportan la "evolución", tratan de preservar su significado, pero el transcurso de los acontecimientos, de los hábitos y costumbres impiden que así sea. Las seguimos utilizando con el convencimiento de que simbolizan aquello que nos enseñaron, pero la vida nos demuestra que tal esfuerzo resulta baldío.

De este modo, uno asiste atónito a los comportamientos de muchos jóvenes, aunque produce una mayor perplejidad las reacciones de un gran número de padres. Hace unos meses, siete jóvenes de la localidad madrileña de Pozuelo, fueron setenciados por un juez a no salir de fiesta durante tres meses a partir de las diez de la noche. Los progenitores se apresuraron a poner el grito en cielo e instaron a sus abogados a que interpusieran los recursos correspondientes.

Ni entendían ni compartían la desproporción de semejante sanción, al fin y al cabo, sus vástagos sólo habían protagonizado una batalla campal en la que diez policías habían resultado heridos, dos de ellos de gravedad. Incluso trataron, en vano, asaltar la comisaria municipal.

Si los hechos en cuestión no fueran tan graves, la sentencia produciría la hilaridad de muchos. Asistimos ausentes a un momento crucial en el desarrollo de nuestra sociedad. Lo que antes suponía un castigo impuesto por los padres sin el menor trauma posible y soportado por el compromiso de no volver a incurrir en semejante actitud reprobatoria. Ahora, tiene que ser un juez quien ejecute los castigos que muchos padres de hoy en día no se atreven a imponer.

Hemos pasado del todo a la nada a una velocidad supersónica, del miedo de décadas atrás, al todo vale de hoy en día. Mientras, el respeto se ha visto ultrajado en el camino. Actualmente, los profesores han perdido la autoridad que antes tuvieron, la impunidad de muchos alumnos campa a sus anchas y muchos padres, socavan el esfuerzo de los docentes por tratar de inculcar a los estudiantes unos valores que, desde hace tiempo, vagan por la conciencia de muchos de ellos.

Uno no entiende qué ha ocurrido durante estos últimos años. Muchos han pasado de padres a colegas, otros, de tener miedo de sus progenitores a tener miedo a sus hijos, otros quieren hacer responsables de su incapacidad a los maestros, la disciplina es una palabra vacía de significado y llena de polvo y caspa, entretanto, el analfabetismo se asoma al quicio de la puerta.