lunes, 27 de septiembre de 2010

Mucho por andar

El pasado 22 de septiembre, la eurodiputada Licia Ronzulli acudió a una votación del Parlamento Europeo con su bebé en brazos. El motivo de tal iniciativa no era otro que simbolizar las dificultades que tienen las mujeres para poder conciliar la vida laboral con la familiar.

Aunque la idea resulte novedosa, hace 19 años, la por entonces diputada de Izquierda Unida, Nines Maestro, acudía al Congreso de los Diputados con su bebé recién nacido. Más concretamente era su madre quien lo llevaba y esperaba en el despacho del entonces Presidente de la cámara, Félix Pons. Cuando llegaba la hora de la comida del pequeño, Nines Maestro se ausentaba del hemiciclo y lo amamantaba encerrada en el despacho de Pons.

Ronzulli fue aplaudida por sus compañeros parlamentarios por ese gesto, llenó portadas de periódicos y abrió unos cuantos informativos. Parece indudable, a tenor de lo visto la semana pasada en Bruselas que, entre esta foto y lo vivido por Nines Maestro, que llevaba implícita la exigencia de la obligación y un trazo de reivindicación, no se ha avanzado mucho en este sentido.

Lo que resulta especialmente llamativo es la obligación de las mujeres a reclamar ese derecho. Hubiera sido realmente interesante observar a un eurodiputado acudir al Parlamento con su bebé en brazos.

La incorporación de la mujer al mercado laboral ha cambiado el modo de vida y las estructuras familiares. Éste es un aspecto con el que convivimos desde hace años, por lo tanto, al día de hoy es algo que se aprecia con completa naturalidad. El problema se evidencia cuando al hablar de la conciliación de la vida laboral y familiar, únicamente se hace referencia a la mujer, como si ellas fueran las exclusivas responsables del cuidado de sus hijos. Manifestando de este modo un modelo de conducta antiguo y discriminatorio.

Este tipo de estructura ha dado lugar, en muchos casos, a la asunción de una doble jornada por parte de la mujer. Teniendo que acudir a su lugar de trabajo y asumiendo la responsabilidad de la atención de sus hijos. Parece que, mayoritariamente los roles siguen establecidos del mismo modo que tiempo atrás y en un amplio porcentaje la mujer tiene que soportar esa doble carga o aparcar su progresión laboral.

Por otro lado, mientras esta mentalidad continúe presente, las empresas considerarán mucho más costosa la contratación de mujeres. Sin embargo, si las medidas aplicadas a la conciliación reciben un tratamiento de universalización, como ya se hace en algunos países europeos, la igualdad de géneros estará más cerca y  la tendencia variará.

Son muchas la partes que se ven implicadas en este conflicto, personas, empresas, familias y todo un entorno social. Una actitud más sensible de las organizaciones hacia este problema supondría el desarrollo de una nueva cultura de organización. Constituiría una sociedad más igualitaria y justa, teniendo siempre presente que, en ningún caso, conciliar supone trabajar menos, sino de forma distinta.

Sin lugar a dudas, Ronzulli tiene infinitas posibilidades con respecto al 99% de la madres trabajadoras de este planteta, por lo tanto espero que, ese gesto no quede en una foto de anuario y se convierta en el primer paso del largo camino que aún queda por recorrer.