lunes, 20 de septiembre de 2010

Adiós a un tipo genuino


Hay que ser un mago para que te quepa un país en la mochila y muy auténtico para mandar a la mierda a unos cuantos diputados en el Congreso.

Cuando nació este blog tuve claro desde el primer momento que nunca hablaría de política. Hoy, al escribir sobre José Antonio Labordeta no tengo intención de romper aquella promesa. Porque si hay algo de lo que distó el maño, fue de ser político. 

Hace muchos años oí alguna de sus canciones, pero realmente la primera vez que tuve constancia de la existencia de Labordeta fue a finales de 1995, por aquellas fechas comenzaba a emitirse en La 2, "Un país en la mochila". Era una serie documental en la que el cantautor ejercía de director y presentador. Suponía un recorrido por nuestro país, un paseo por España visitando nuestros rincones. Nos enseñó muchos y diferentes parajes, nos habló de ríos y montañas, de pastos y pantanos, de aves y de ganado. Narraba la historia de aquellos lugares, siempre desde el respeto, el sentimiento y la admiración. 

Pero si hubo algo que, especialmente me llamaba la atención, fue su capacidad para hablar con total naturalidad con un pastor, un ganadero o un agricultor. Se sentaba junto a ellos sobre una piedra, comía del queso y de la hogaza que le ofrecían y, por supuesto, no rehusaba un buen trago de vino de aquellas magníficas botas. Era uno más, un tipo próximo a la gente, alguien cercano, un paisano.

Dicen los que le conocieron que era buena gente, ese aspecto tenía. Fue un personaje polifacético, filósofo, cantautor, profesor, poeta y político por aquello de estar en el Congreso. Cuenta el también cantautor Joaquín Carbonell que, asistiendo a la primera de sus clases como profesor de Geografía, Historia y Arte, Labordeta dijo a los asistentes: "Desde este mismo momento están todos aprobados, por lo tanto, el que no quiera volver a clase, está en su derecho de no hacerlo". No faltó ni un alma durante todo el curso.

En su etapa en el Congreso se le recuerda por un par de intervenciones asperas, de esas que quedan para la posteridad. Pero más allá de aquellas anécdotas, estaba un luchador, un tipo integro y digno que siempre quiso lo mejor para su tierra y que lucho con denuedo por ella. A pesar de ser el diputado con menos votos de todos los presentes, no cejó en buscar alianzas que le permitieran lograr esos propósitos. Alejado del estereotipo de político actual, sus ideas podían ser compartidas o no, pero su decencia, honradez y nobleza inspiraban una confianza personal absoluta.

Tenía el aspecto de un cascarrabias con ese punto divertido, dicen que poseía un gran sentido del humor. Tanto es así que, desde hace años, una empresa de cervezas realiza una encuesta  buscando a los personajes (nacionales o internacionales) preferidos por los aragoneses para irse de cañas. Hasta el año pasado Labordeta siempre salió el primero. 

El cáncer le terminó venciendo, pero murió con la misma dignidad con la que nos metió a todos en su mochila.