lunes, 13 de septiembre de 2010

Se acabó lo que se daba


Han tenido que pasar 16 años para que Estados Unidos recupere el cetro mundial. Y, precisamente, lo han logrado con un equipo que, a priori y según casi todos los analistas, iba a tener muchas dificultades para conseguir el oro. Eran poco talentosos, solamente Durant merecía ser reconocido dentro de esa clase  de jugadores. Como máximo, ese respeto se hacía extensivo a Lamar Odom y Chauncey Billups. Especialmente por su pasado y por los logros conseguidos durante su carrera en la NBA.

Ayer, aún tuve que oír que tuvieron un camino fácil. Que no se enfrentaron contra equipos como Serbia o España, que realmente no tienen un estilo de juego, que no juegan a nada, que cuando tienen dificultades cada uno hace la guerra por su cuenta, que solamente les rescata la clase de Durant......

Aquí pueden ocurrir dos cosas, o los que hacían esos comentarios no sabían de lo que hablaban, lo cual me extraña, porque parecen entender bastante. O el baloncesto mundial está atravesando una crisis galopante ya que, unos tipos de segunda fila, que lo único que hacen es saltar y correr más que el resto, se han llevado colgado del cuello el ansiado metal.

Resulta obvio decir que, el baloncesto FIBA cada vez está más cerca de la NBA. Ha sido tal la progresión del baloncesto más allá de las fronteras estadounidenses que, tuvieron que dejar a los universitarios en casa para dar paso a los profesionales y, de este modo, tratar de mantener la hegemonía que un día perdieron.

Cada vez más selecciones son capaces de plantarles cara, lo que antes eran auténticos paseos militares, ahora suponen partidos de gran exigencia física. Lo que antes significaba cumplir con el protocolo, ahora termina en un estallido de alegría y satisfacción que evidencia el esfuerzo realizado.

Se ha pasado de sentir pavor cada vez que uno se enfrentaba a la selección USA, a hablar de su baloncesto como algo mediocre. Donde sólo sus extraordinarias cualidades físicas, tan superiores a las del resto, son capaces de paliar su falta de talento, la ausencia de capacidad táctica y la comprensión del juego colectivo.

Para más inri, se habla de las dramáticas ausencias que han asolado el campeonato. Se especula con la clasificación de España si Gasol o Calderón hubieran estado. Se dice que Argentina hubiera llegado mucho más lejos con Ginóbili y Nocioni. ¿Qué hubiera sido del músculo francés si le hubieran sumado a Turiaf y a Noah junto con el cerebro y la clase de Parker?. Por no hablar de Lituania, un equipo mediocre para la inmensa mayoría y que llegó a este campeonato gracias a una invitación FIBA, arrasada por la falta de compromiso de muchos de sus mejores jugadores, léase: Kaukenas, Siskauskas, Songaila, Ksystof y Darjus Lavrinovic, Petravicius e Ilgauska. 

El baloncesto FIBA llora las ausencias de sus mejores jugadores, de los más mediáticos, de los que decantan la balanza, de los que ganan partidos. Con ellos ésto hubiera sido diferente, con ellos los americanos no se hubieran paseado del modo que lo han hecho, con ellos....., con ellos......

Sin ellos, la selección de Kryzewski sí lo logró. Sin Kobe Bryant, LeBron James, Dwayne Wade, Amare Stoudemire, Chris Paul, Carmelo Anthony, Chris Bosh y muchos otros que han renunciado a la selección este verano. Lo consiguió gracias a un equipo modesto, que ha tenido hambre de triunfo y que ha demostrado su orgullo y su compromiso en el campo.

¡Cómo han cambiado los tiempos! Antes eran ellos los divos, los que iban de "sobraos", los que creían conseguir la victoria antes de la salir al campo o los que respetaban poco o nada al rival. Se ha abierto un espacio para la reflexión, es tiempo de volver a los orígenes, a la humildad ausente de miedo pero llena de respeto, al deseo por conseguir la victoria y a la pasión por este deporte.  Es tiempo de recuperar la esencia.