miércoles, 1 de septiembre de 2010

Genio y figura


Somos muchos los que hoy le recordamos, resultaba antipático, probablemente porque siempre decía lo que pensaba. No se mordía la lengua, se expresa tal cual era, alejado de lo políticamente correcto, agresivo, como su estilo encima de una bicicleta, rebelde, ingenioso y sagaz. Así era "el profesor".

Ese era el apodo porque el que se le conocía, con esas gafas redondas y esa coleta rubia. Sus planteamientos tácticos y valientes chocaban con la rudeza del "caimán". Con él compartió equipo en 1983, año en el que Laurent Fignon conquistaba su primer tour de Francia. Hinault no disputó aquella edición al estar lesionado y el español Ángel Arroyo terminó en segunda posición.

En 1982 había dado el salto al ciclismo profesional y un año después se convertía en el ciclista más joven de la historia en conquistar un tour desde 1933. Tras el cambio de equipo por parte de Hinault, la carrera se presentaba emocionante, pero Fignon le dio una lección. Logró cinco etapas y conquistó su segundo y último tour.

A partir de aquí más sombras que luces, no pudo participar en el ´85 y no concluyó las carreras del ´86 y el ´87. Aunque resurgió en en 1989 cuando terminó segundo tras el estadounidense Greg LeMond. Ocho fueron los segundos que les separaron, la diferencia más corta de la ronda gala. Fue un tour en el que sucedieron muchas cosas, Perico Delgado se perdió por la calles de Luxemburgo mientras calentaba antes del inicio de la etapa prólogo. Perdió dos minutos y medio y la mayor parte de las opciones de hacerse con una carrera a la que se presentaba como favorito después de ganar el año anterior y ser segundo en 1987. Aunque, en esa edición, resultó especialmente emocionante la última etapa. Se trataba de una contrarreloj y Fignon defendía 50 segundos frente a LeMond. Toda la etapa se movió en el límite, la victoria se decantaba de un lado u otro al paso de cada metro, al final, victoria del americano y desolación del francés que,  tiempo después, se expresaba así:  "El punto de declive de mi carrera se sitúa en la última etapa de esa carrera. Fue un día de tristeza insensata, un día de derrota monstruosa, inaceptable. El único día de mi existencia en el que unos pocos segundos se convirtieron en una eternidad".

Antes y después de aquello, muchas sombras se cernieron sobre su futuro. Positivo por anfetaminas en dos ocasiones, en la Flecha Valona en el ´87 y en el Gran Premio de Eindhoven en el ´89. Veinte años después, coincidiendo con la presentación de su libro, "Éramos jóvenes e inconscientes", hablaba de su experiencia con el dopaje de este modo: "No me avergüenzo de haberme dopado; formaba parte de mi trabajo y en el ciclismo siempre ha existido la trampa. Pero lo que usábamos en aquella época es un chiste comparado con las prácticas actuales". 

En ese mismo acto, hizo publica su enfermedad, un cáncer intestinal en avanzado estado y en fase de metástasis que, se había extendido hasta el páncreas. "Es una putada. Mortal. Que da miedo a uno mismo y a los demás. Pero no es una enfermedad vergonzosa", dijo.

Afrontó la enfermedad del mismo modo que las carreras, con valentía: "No me apetece que se apiaden de mí. Pero si mi actitud puede ayudar a otros que están luchando contra lo mismo que yo, mejor. No tengo miedo a la muerte. Y si la cosa va rápida no habrá nada que reprochar; he tenido una buena vida".

Continuó luchando, incluso comentó la última edición del tour para France 2, cadena para la que trabajaba desde su retirada en 1993. Y eso, a pesar de que el cáncer  había llegado a las cuerdas vocales. Las últimas palabras de cada una de sus frases terminaban como un ruido ahogado.
 
El 26 de junio se despidió de los espectadores, no sin antes agradecer a France 2 la oportunidad de comentar el tour a pesar de su enfermedad. Se ha ido uno de los grandes del ciclismo. Descanse en paz.