martes, 24 de agosto de 2010

La esperanza habita bajo tierra



Ya le hubiera gustado al mismísimo Steven Spielberg dirigir una película, algo que probablemente no tarde en suceder, con un guión en el que se narrara una historia como la que está sucediendo estos días en Chile.

El pasado cinco de agosto la tierra se derrumbó en la región chilena de Atacama. Un yacimiento de oro y cobre quedó sepultado bajo toneladas de piedra, polvo y tierra, y junto a él, los cuerpos de treinta y tres mineros. La lógica y el pesimismo hicieron pensar lo peor, no parecía haber lugar para la esperanza; y la tragedia y el llanto se presentaban como los únicos caminos. Sin embargo, el domingo se supo que, todos están vivos. Sepultados a setecientos metros de la superficie y con temperaturas superiores a los treinta y cinco grados, pero vivos. 

Los técnicos introdujeron una sonda hasta las entrañas de la tierra, quizás, nunca la esperanza haya llegado tan lejos. El deseo era encontrarles con vida en un refugio que se encuentra a esa profundidad, afortunadamente, poco después un taladro perforador de una máquina de sondeo arrastró hasta la superficie dos notas. En una de ellas se podía leer: "Estamos bien. En el refugio. Los 33"

Era mediodía, la noticia  corrió como la pólvora por el campamento Esperanza, donde doscientas personas aguardaban angustiadas desde hacía dos semanas. Los familiares lloraban de felicidad. El país, cansado de que últimamente la tierra le castigue de manera tan brutal, se convirtió en una fiesta. A tanta emoción contribuyó la carta que Mario Gómez escribió a su mujer. Conocido como el héroe de las entrañas del desierto de Atacama, comenzó a trabajar bajo tierra con doce años y cuenta hoy con sesenta y tres.

Pero tras la euforia inicial, el gobierno presidido por Sebastián Piñera llamó a la calma. A tenor de las informaciones emitidas por lo expertos, se abre un proceso de rescate complejo que puede durar entre tres y cuatro meses.

En primer lugar, los esfuerzos se centrarán en abastecer a los mineros del agua, sales de hidratación y diferentes geles con calorías que, les mantegan a salvo durante estos meses. 

Deberán determinar cual es el mejor lugar para la excavación, avanzarán a razón de treinta metros diarios, perforando un hueco de treinta y cinco centímetros de diámetro. Al parecer, este procedimiento lo llevarán acabo en unos cincuenta días. Una vez se establezca contacto directo con los mineros, dará comienzo la última fase del proceso, que consistirá en aumentar las dimensiones del diámetro, para posteriormente iniciar el rescate uno por uno. A la ya de por sí difícil tarea, se añadirá el comportamiento que tenga la roca y el macizo rocoso.

Superado el temor inicial, que dio paso a la euforía y a la alegría, se abre ahora un periodo de incertidumbre y desasosiego. De su capacidad de organización, de su fortaleza física y psicológica, de sus habilidades sociales, de su aptitud y actitud para la convivencia, de su generosidad y de la esperanza, dependerá su supervivencia. Desde luego que, si lo consiguen, el ser humano habrá escrito una página más dentro del innumerables casos de superación que se la han presentado. ¡Qué así sea!