domingo, 22 de agosto de 2010

El cachas ha muerto

Al menos eso es lo dice Margarita Pérez, directora de la agencia de moda Deraza. Al parecer los patrones de belleza están cambiando, ya no se llevan los tipos mazas y musculados, ahora son otros los que marcan tendencia. Jovenes, con aspecto añinado, ambiguos y delgados. Stallone y sus colegas han dado paso a los Bill Kaulitz y demás espécimenes. Un tipo de un metro y ochenta centímetros que pesa cincuenta y cinco kilos. 

Uno muchas veces se pregunta quién es la persona que marca las tendencias, del mismo modo que, en esta crisis económica que estamos viviendo, se habla de manera etérea diciendo que la culpa es de los mercados. Me gustaría saber quién decide que, ahora se llevan los cachas, mañana se llevan los metrosexuales, pasado nos inventamos a los hubersexuales, para terminar imponiendo que hay que pesar veinticinco kilos menos de los centímetros que mides, porque sino, no gustas, no estás a la última y no molas.

El otro día, charlando con un amigo, hablábamos sobre la cantidad de exigencias que tiene nuestro día a día a la hora de cuidar nuestro cuerpo. Y llegábamos a la conclusión de que no hay tiempo material para poder hacer todo lo que se recomienda. Hay que comer cinco piezas de fruta al día, caminar al menos durante treinta minutos, tomar verduras y legumbres cinco veces por semana, aprovechar las cualidades de la soja en todas sus variantes, tomar magnesio, comer vallas de goji, beber un vaso de vino en las comidas, hacer sudokus o cambiar tus rutinas para mantener tu cerebro activo, etc, etc. Y por supuesto, tomar fósforo para la memoria.

Esto es algo que debería haber hablado con mis abuelos, saber cómo lo hacían antes para poder vivir sin todas estas exigencias. Averiguar quién les marcaba la tendencia a la hora de vestir y cómo consiguieron ese cutis sin los pertinentes cuidados faciales.

Claro que, además se supone que hay que trabajar para poder comprar todo eso y pagar la hipoteca de tu casa, aquella en la que tienes la cama en la que debes dormir ocho horas al día.

Después de realizar el pertinente estudio y reflexionar largo y tendido sobre todas nuestras obligaciones para con nuestro cuerpo; he llegado a la siguiente conclusión. La mejor manera para ser feliz es disfrutar de la vida, de las personas y de lo que te rodea. Aprovechar cada momento como si fuera el último, querer, dejar que te quieran, reír, hacer reír y descojonarse de uno mismo. Salir con tu pareja, disfrutar de tu familia, viajar, tomar cañas con tus amigos, llorar, volver a reirte, hacer deporte, tirarte en el sofá, correrte una buena juerga, bañarte en el mar, mojarte bajo la lluvia, soñar despierto, trabajar, cantar aunque sea mal, comer un helado o dejarte llevar.  

Solamente hay que usar la lógica, hacer en su justa medida. No ser esclavo de nada ni de nadie. Ni tan siquiera de la felicidad.