viernes, 20 de agosto de 2010

Cada vez más cerca de la edad de piedra


Todos sabemos que Grecia y Serbia nunca han sido el paradigma de la deportividad, pero lo vivido ayer durante el partido amistoso que disputaron dentro del marco del Torneo Acrópolis, supera con creces el límite de lo deleznable. Hacía tiempo que no se presenciaba un espectáculo tan denigrante y bochornoso. Quizás haya que retroceder hasta los años 70-80 para poder encontrar un "espectáculo" semejante. Recordar los duelos entre Yugoslavia y la Italia de Meneghin. Con Kikanovic y "Moka" Slavnic repartiendo coces desde la tribuna de prensa o la imborrable imagen de Goran Grbovic amenazando a Meneghin con las tijeras del fisio.
Por no hablar de las que se liaban en el "pabellón de la paz y la amistad", qué paradojas tiene la vida. Monedas y botellas por el aire, bengalas al viento. Como me acuerdo del pobre Rullán, corriendo despavorido hacia el túnel de vestuarios mientras sorteaba todo tipo de objetos voladores. 

Ayer fueron otros los que protagonizaron una escena típica de matones o macarras callejeros. Ver como Bjelica era pateado por el animal de Schortsanitis, mientras el "valiente" de Krstic le daba puñetazos por la espalda. O como este último utiliza una silla para abrirle literalmente la cabeza a Bouroussis, son escenas nauseabundas.

Tras la refriega y cuando el autobús serbio abandonaba el pabellón olímpico de la capital helena. La policía lo detuvo para tomar declaración a Krstic, Teodosic y Keselj. El primero de ellos ha pasado la noche en las dependencias policiales, quedando libre sin cargos a la espera de que las imágenes sean estudiadas detenidamente antes de tomar una determinación definitiva.

Hoy en día, los deportistas son espejos en los que la juventud pretende reflejarse, ídolos que con sus actuaciones forman parte del proceso de formación de todos esos chicos y chicas que los ven como a seres de otra galaxia a los que un día querrían parecerse. Ser deportista no significa ponerse unos pantalones cortos, correr un rato, meter un par de goles o anotar unas canastas, mientras esperas que, al final de cada mes el club de turno llene tus cuentas de cientos de miles de euros. Ser deportista significa mucho más,  supone la obligación de mantener una conducta ejemplarizante, honesta, honrada y alejada del más mínimo atisbo de violencia.

Desgraciadamente cada vez quedan menos deportistas con esos valores. Ante los Raúl o Nadal se levantan otros muchos que, son más conocidos por su vida nocturna o sus ruedas de prensa que por su vida "profesional". Se dice que Nadal o Raúl son un ejemplo para las generaciones venideras, jugadores de talla mundial que han hecho de su modestia y su saber estar una seña de identidad. Y lo más sorprendente de ésto es que resulta ser noticia, incluso a veces se sitúa por delante de sus cualidades como deportistas. Cuando lo noticiable debería ser que un deportista no tuviera esas virtudes.

Ahora se abre un incógnita que quedará despejada en breve, y esa no es otra que, saber si la FIBA impone algún tipo de sanción a los implicados en la batalla campal o  hace la vista gorda como muchas otras veces. Ha llegado el momento de saber si el baloncesto está regido por un organismo deportivo o por un estamento recaudatorio. De su decisión se podrán sacar muchas conclusiones, y probablemente entenderemos porqué hay tampocos deportistas con la calidad humana de Raúl o Nadal. Espero equivocarme.