lunes, 16 de agosto de 2010

Alaior




Hay un lugar, diferente, donde el reloj se para y el mundo se detiene. Donde aparentemente nunca pasa nada y todo es como siempre. Donde las horas no pasan, donde todo el mundo duerme, de donde hubieras deseado no irte nunca y regresar siempre, donde la ausencia se nota y el sentido se pierde. Donde el color blanco siempre está presente. Donde es incuestionable la hospitalidad de sus gentes.

Uno busca durante toda su vida, y a veces, tiene la fortuna de encontrar, pero eso solamente les ocurre a unos pocos. Otros muchos se pasan la vida queriendo encontrar su sitio, deseando decir a los cuatro vientos que, han encontrado su lugar en el mundo. Van y vuelven, pero regresan al mismo punto y pocas veces avanzan.

Muchos somos los que disfrutamos del lugar donde nacimos, los que añoramos nuestra infancia, nuestros rincones, nuestros recuerdos, a nuestra familia y a nuestros amigos. Pero, existen imponderables, circunstancias que se escapan a nuestro control que te llevan  por otro camino, no te obligan a decidir, simplemente te colocan en tu sitio. Son sensaciones, sentimientos, saber que nunca debiste dejar el lugar que tanto tardaste en conocer, desear regresar antes de irte, sentirte como en casa, saber que puedes contar con ellos, formar parte del día a día.........ser uno más.

Yo, he tenido la fortuna de encontrar ese lugar. De disfrutar de sus gentes, de sus calles, de sus fiestas y de su ambiente. He tenido el honor de entrar en sus casas, el privilegio de sentirme su amigo, el placer de sentirme querido y el orgullo de ser respetado.

Así es Alaior y las personas que lo habitan. Amables, sencillas, divertidas, sinceras, hospitalarias, trabajadoras y honestas. Sólo existe una palabra que pueda expresar mis sentimientos: GRATITUD. En mayúsculas, como vosotros.