jueves, 22 de julio de 2010

La dificultad de ser normal




Ayer, durante esa tradicional reunión de los miércoles que, ya se ha convertido en mítica, puesto que son muchos los años de vigencia, sin cerrar por vacaciones, ya que siempre hay un alma desamparada que necesita beber unas cañas, y nunca falta algún samaritano que se aviene a acompañarla; hablamos sobre "lo normal". Conversación que surgió a raíz de ver a Jesús Calleja, sin lugar a dudas, el leonés más mediático que tenemos hoy en día. Alguien dijo conocerle, haber hablado con él unas cuantas veces, para terminar sentenciado al final de la cita: " Es un tío normal". 

Y aquí surgió el debate. Anda que, necesitamos nosotros mucho para enfrascarnos en una conversación filosófica. 

¿Qué es lo mejor que se puede decir de un deportista reconocido, de alguien que lo tiene todo, títulos, fama, dinero.....? Joder, pues que es un tío normal. ¡Hay que joderse! Cuando lo normal es que fuera normal. Pues no, lo anormal es que sea un tío normal.

Y es cierto, uno que ha tenido la "suerte" de conocer a unos cuantos, al final los termina clasificando con dos adjetivos: es un gilipollas o es normal. Y aquí subyace el verdadero quid de la cuestión.  Era así antes, o se ha convertido en ello con el paso del tiempo y los sucesos. Porque, evidentemente no es lo mismo, si antes ya era un gilipollas, pues bueno, normal que ahora siga siéndolo, incluso le disculpamos por ser aún más de lo que era inicialmente (aunque en muchos casos no sabremos cómo era antes, porque no les conocíamos).

¿Pedimos otra?. Eso ni se pregunta, o eres nuevo. 

Claro que digo yo, al final ser un tío normal en esas circunstancias no es fácil. Cuando te ves en la cima del mundo, cuando todos te reconocen por la calle, cuando no paran de pedirte autógrafos ni de hacerte entrevistas, cuando tienes más pasta de la que puedes gastar, cuando te hacen creer que eres inmortal, cuando realmente tienes las mismas posibilidades de acatarrarte que cualquier otro, pues eso, no tiene que ser fácil.

Eso depende mucho de la educación que hayan tenido, si has nacido en una familia en la que no te han inculcado valores, ni te han enseñado a reconocer cuánto cuesta conseguir las cosas, lo lógico es que se te vaya la pelota y te vuelvas un gilipollas, si es que no lo eras antes.

Y aquí nunca falta el ejemplo de Nadal. Que es muy recurrente, y perfecto para estas ocasiones. 

No ves, es un tío normal. Un chaval que ha recibido una buena educación, con valores, y que, gracias a ello, tiene los pies en el suelo.

Habrá de todo, como en botica. 

Eso sí es verdad. Además, la de gente que se te tiene que arrimar por el interés. Normal que sean precavidos.

Ya, pero una cosa es ser precavido y otra gilipollas.

Y así siguió la noche, hubo un par de cañas más o tres, un poco de debate más sobre la normalidad o la anormalidad, muchos otros temas de conversación, más o menos trascendentes. Y el firme propósito de que los miércoles no se acaben nunca.