jueves, 11 de noviembre de 2010

Confundir la velocidad con el tocino


Ayer noche asistí, atónito primero e indignado después, a la emisión del programa de Televisión Española, "Comando actualidad", la entrega llevaba el nombre de "Mi niño vale".

El capítulo versaba sobre los chicos/as que, desde pequeños, se dedican a realizar algún tipo de actividad remunerada o no, pero con el objetivo de convertirse en profesionales de esa disciplina. Se pudo ver a una niña de doce años que era actriz de doblaje, a niños de 6 y 7 años haciendo pruebas para posibles anuncios de televisión, a otro de 12 montando en moto y queriendo ser profesional, a niñas de 10 y 11 años compitiendo en un torneo amistoso de gimnasia rítmica o a una chica de 15 años que pretendía ser profesional del tenis, para lo cual, sus padres habían tenido que vender su casa en Madrid, trasladarse a Barcelona y pagar 3.000 euros al mes por las clases.

No seré yo quien juzgue a esos padres, ellos sabrán la conveniencia de realizar esas actividades con esa presión y ese grado de exigencia a edades tan tempranas. Pero sí hablaré de la monitora de gimnasia rítmica que agarró el libro de psicopedagogía por la hoja de todo lo que no se debe hacer. No sé si aprovechando la presencia de la cámara de televisión quiso tener su minuto de gloria, o por el contrario ese es su comportamiento habitual. En cualquiera de los dos supuestos quedó retratada.

La escena fue la siguiente, las niñas estaban calentando para salir a competir en el citado torneo amistoso, una de ellas cometió un error y la susodicha en cuestión se acercó poseída para situarse a escasos centímetros de la niña y gritarle: "Que sepas que en la próxima competición estás fuera, guapa". Nunca oí un "guapa" con tanto desprecio. Gran trabajo de motivación, mejor ejercicio de educación. Posteriormente, cuando iban a salir, gritaba: "¡Vamos a tapar muchas bocas!".

Desgraciadamente para el ego de las niñas, la competición no salió como esperaban, y la bronca, "llena de argumentaciones técnicas" fue, sencillamente, indignante. "En lugar de tapar bocas se están riendo de nosotras. ¿Lo veis?". Alguien debía estar dentro de aquella chica porque no fue ni medio normal. Ante las perplejas preguntas de la reportera, hablaba de disciplina, de valores, de sacrificio y de un sinfín de palabras sobre las cuales demostró desconocer el significado.

Ahora que he vuelto al patio del colegio, con esos niños de 10 y 11 años sonriendo permanentemente, alucino con comportamientos de este tipo. Me repugnan semejantes conductas. Lo primero que debemos hacer es educar a los niños a través del deporte, conseguir que disfruten y se diviertan, exigirles, por supuesto, pero no faltarles al respeto y hacer que se sientan como una mierda. Existen muchos caminos para enseñarles el significado de todas esas palabras que la monitora pronunciaba, pero en ningún caso el que ella eligió.

Hay dos circunstancias que se manifiestan con el paso del tiempo si se les somete a tratos de este tipo; no te ganas ni su cariño ni su respeto y terminan aborreciendo el deporte que practican.

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