martes, 9 de noviembre de 2010

Con la tradición a cuestas


Siempre hay opiniones para todos los gustos, sea cual sea el tema a debatir, continuamente hay polémica y más, en este bendito país. Se argumenta de manera más o menos sesuda al respecto: "Menuda chorrada", "Anda que, no tenemos en España problemas mayores como para andar con estas memeces", "Lo que faltaba, un motivo más para la discusión de pareja", "Por fin, otro aspecto más que acerca a hombres y a mujeres", " ¡Qué falta de respeto a la tradición!", "Es una manera de crear un debate estéril y desviar la atención", "Si la pareja no se pone de acuerdo en eso, no lo hará en nada". La controversia está en la calle, es el cambio de apellidos.

Hace unos días se conocía el proyecto de ley del Registro Civil que permitirá a los padres ponerse de acuerdo para decidir cual es el apellido que llevan en primer lugar sus hijos. En caso de que no exista dicho acuerdo, inicialmente, se había propuesto que fuera el orden alfabético el que decidiera sobre la colocación de los mismos. Ante el revuelo que se ha montado al respecto, parece que se estudiaran medidas más sensatas.

La cuestión no deja indiferente a nadie, de un lado la tradición, de otro, la igualdad entre hombres y mujeres. Lo tradicional admite pocas argumentaciones, así ha sido toda la vida y así debe de seguir siendo. Punto y pelota. En cuanto a la igualdad, dicha medida parece acercarnos un poco más, limar esos pliegues que todavía asoman y molestan. Ya está bien de viejas y casposas tradiciones, habrá que proporcionar a todo lo que nos sucede una mayor naturalidad, sin dramatismos ni traumas. Analizar los pros y los contras, llegar a un acuerdo, como se deben hacer las cosas, como debería transcurrir la vida.

Tratando de ironizar un poco sobre el asunto, se me ocurren unas cuantas situaciones que podrían llegar a producirse. Al igual que, en algunas provincias se firma la separación de bienes (en otras ocurre por defecto), se puede añadir un documento en el que una de las dos partes haga prevalecer sus apellidos sobre los del cónyuge. Del mismo modo, para evitar polémicas, los padres pueden decidir otorgar de manera alternativa los apellidos a los sucesivos hijos que vayan teniendo.

También puede ocurrir que, en esas familias sumamente tradicionales, donde el apellido es tan llevado a gala y el significado del mismo supone algo más que la continuidad de la estirpe; un padre puede obligar a su hijo a dejar de ver a una chica sólo por el hecho de que el apellido de ella, alfabéticamente, estuviese situado en primer lugar. Aunque también pueden hacer como en Alemania, echarlo a cara o cruz. O aquellos padres a los cuales la "fortuna" no les había sonreído con un varón, pueden respirar tranquilos sabiendo que, ahora tienen la posibilidad de mantener su apellido a través de sus nietos.

Bromas al margen, no estaría de más que alguno tomara conciencia de que estamos en el siglo XXI. Las madres tienen tanto derecho como los padres a que sus hijos lleven su apellido en primer lugar. Nadie resulta más que nadie. Esos tiempos, afortunadamente, cada vez están más cerca de quedar atrás.

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