martes, 2 de noviembre de 2010

Angustia, miedo y desesperanza


Cuando la incertidumbre y la angustia presiden tus pensamientos diarios es que, la vida no transcurre como debería. Cuando el miedo atenaza y tortura, y la violencia y los asesinatos forman parte del paisaje, la muerte se convierte en el destino prematuro de muchos inocentes.

Existen lugares que, para muchos de nosotros son imposibles de imaginar, ciudades en las que la crueldad y la sinrazón son entendidas para muchos como el único modo de vida. Observamos y oímos las noticias con una mezcla de estupor e indiferencia, al fin y al cabo, los que sufren están lejos, y los que no sufren ya, más lejos aún.

Méjico vive constantemente manchado de sangre y herido de muerte, Ciudad Juarez es, desde hace tiempo, el máximo exponente de tanta violencia. No es necesario ser un narcotraficante para vivir con la sombra de la muerte acechando a tus espaldas, basta con ser mujer, en los diez primeros meses de este año, 650 víctimas fueron objeto de abusos, vejaciones y violaciones antes de que sus asesinos silenciaran sus súplicas para siempre. Basta con ser un adolescente o un niño que disfruta de una fiesta de cumpleaños en casa de un amigo, basta con estar lavando el coche para que tu vida se escape por un alcantarilla igual que el agua por el desagüe.

Ciudad Juarez es un permanente campo de batalla, la guerra declarada entre los diferentes cárteles se ha llevado en el mes de octubre la vida de 350 personas, para un total de 2.666 en lo que va de 2010, de seguir así, pronto se superarán los 2.754 asesinatos cometidos el año pasado, de los cuales sólo se investigan un 10% de los mismos.

Si un milagro no lo remedia, contará con el repudiable "honor" de ser, por tercer año consecutivo, la ciudad más peligrosa del mundo. Los constantes crímenes llevan la tasa de muertes a una proyección de 210 homicidios por cada 100 mil habitantes, lo que elevaría sobremanera la estadística que se tenía a mediados de año que, registraba un incremento de muertes violentas que ascendía al 782 por ciento en los últimos tres años.

Muchos señalan a Felipe Calderón como parte del problema, dicen que su declaración de guerra a las  bandas abrió una veda imposible de cerrar, otros lanzan acusaciones mucho más graves y comprometidas,  la justicia y la policía están señaladas, los crímenes no se investigan, mejor que se maten entre ellos aunque por el camino queden unos cuantos inocentes;  los narcos dicen: "Eres un policía rico o un policía muerto", la decisión es fácil, la respuesta los es aún más, el ejército no puede hacerse con el control, las páginas de los periódicos no alcanzan para narrar tanta crueldad, salir a la calle supone el riesgo de no regresar, permanecer en casa no significa seguir viviendo.

Más allá de las gélidas cifras, de la estadística que no sabe de nombres y apellidos, que no conoce el significado del dolor y que vive al margen de la angustia y el miedo, está la tristeza y la ausencia de esperanza. Ciudad Juarez aparece como una urbe sin futuro, sus gentes, los que pueden, 230.000 en los últimos dos años (lo que equivale al 18% de la población), emigran a ciudades fronterizas de Estados Unidos. Se van para  no volver, buscando otra certeza que no sea únicamente la de las balas.

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